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31.- ¿QUIÉN COLOCÓ LA MOCHILA DE VALLECAS?

En vísperas del 13 Aniversario del 11-M diversas noticias han invadido los medios de comunicación. Algunas pueden tener un efecto positivo, aunque con casi plena seguridad no vaya más allá de espolear la conciencia de una sociedad anestesiada y confundida, como es el video ampliamente publicitado de Cyrille Martin (ver aquí).  La que me trae a escribir estas líneas es lo que se ha filtrado por el periodista Fernando Lázaro del diario El Mundo (la puedes leer aquí) sobre el indigesto informe de esa especie Brigada de Asuntos Internos creada por el Director Adjunto Operativo (DAO) de la policía, Eugenio Pino, el nº 2 de ministro del Opus Dei Fernández Díaz.

En el informe se aparenta criticar la actuación policial en todo lo relacionado con la mochila de Vallecas, “admitiendo fallos en la cadena de custodia”, pero lo que hace, en realidad, es reproducir punto por punto toda la farsa de lo que el juez Bermúdez denominó “extravagante periplo” de los efectos de las víctimas de El Pozo. Ese extravagante periplo, como demostré en mi libro, y más claramente en este blog, fue toda una operación de ingeniería mediático-policial-judicial que se llevó a cabo del 6 al 15 de Marzo de 2006, para suplantar los auténticos testimonios que se produjeron en el inicio de la Instrucción, y que claramente manifiestan -estos últimos-que la mochila que llegó a la comisaría de Vallecas no venía disimulada e inadvertida en un enorme bolsón que contenía diversos efectos (como pretende la Versión Oficial), sino que fue llevada directamente a la Comisaría suelta en un vehículo policial, de manera independiente, por policías muy determinados, pero desconocidos, porque no se ha querido investigar.

Eran varios los testimonios de peso, todos ellos en los primeros días posteriores al atentado, que avalaban estos hechos, que nunca adquirieron el rango de Versión Oficial porque, evidentemente, era una bomba de relojería que no solo hubiera anulado la prueba, sino que habría tenido como consecuencia que judicialmente se abriera una pieza separada para averiguar de donde venía esa mochila y quién la habría mandado colocar.

Lo he contado todo esto en la entrada segunda de este blog (ver aquí), y lo reproduzco al final de este artículo, porque creo que es una de las aportaciones fundamentales que hice en el análisis de la falsa mochila en mi libro, aportación tan importante -e ignorada- como esa otra que hice sobre el anuncio de la existencia de la mochila en el programa de la COPE de José Apazarena ¡¡¡cinco horas antes de que la descubrieran los policías de Vallecas!!! (ver aquí)

Lo que me me resulta inconcebible –o quizás no tanto- es que a estas alturas la policía nos quiera tomar el pelo con estos jueguecitos de asuntos internos, cuando tienen en mi libro, y en todo lo que se ha escrito por los grandes investigadores del 11-M, una auténtica AUDITORÍA externa que pone en solfa, no “tres momentos”, como destacan en el Informe de la BARC, sino todos los momentos de una Instrucción y una Investigación intoxicadora y falsa, que no otra cosa es la Versión Oficial.

Pero está claro que el informe de la BARC no buscaba la verdad, sino otra cosa muy diferente. La clave está en este mensaje, aviso para navegantes:

El informe concluye que se ha documentado la actuación de más de 70 miembros del Cuerpo Nacional de Policía en los diversos escenarios en los que estuvo la bolsa del artefacto. Pero que «únicamente ha quedado registrada la entrega voluntaria de ADN para cotejo por parte de cinco de ellos. Sigue anónimo el perfil genético encontrado en el asa de la bolsa que contenía el artefacto», advierten los especialistas policiales.

No me cabe duda que ahí se encuentra una amenaza muy velada (“vamos a no hacernos daño…”), porque es más que probable que en uno de esos “70 miembros” se encontrara el perfil genético de quien colocó la mochila en la comisaría de Vallecas. Así se las gastan nuestras Fuerzas de Seguridad. Sencillamente indecente…

Tampoco es concebible –o quizás, también, no tanto- que el diario El Mundo sirva de nuevo de vehículo y señuelo para colarnos los indigestos engrudos de una ingeniería emanada de las Cloacas para tapar la Verdad de lo que ocurrió en el 11-M. En el artículo que reproduzco a continuación fui algo benévolo con la actuación de El Mundo. Hoy, no tengo más remedio que decir, a la vista de lo que ocurrió en Marzo de 2006, que, o se la colaron a El Mundo, o El Mundo nos la coló a todos sus seguidores. Pero fuera una u otra cosa, la Versión Oficial de los Hechos no habría prosperado en toda su extensión sin los oficios de lo que antaño se dio a conocer como “nuestro periódico”, con las excepciones que todos conocemos, especialmente la de Fernando Múgica (q.e.p.d.).

La sombra de las Cloacas es alargada…

2.- “EL MUNDO” Y EL 11-M (I) – Los periplos extravagantes y bastardos

Varios amigos en Facebook y en Twitter me han preguntado sobre si hubo boicot a “Las Cloacas del 11-M”, y el por qué del estruendoso silencio de El Mundo, que no le dio ninguna cobertura mediática, hermanándose en esto con El País.

Sobre la primera pregunta la respuesta es clara. Lo hubo. Pero para ese expediente no hacían falta admoniciones ni consignas. El instinto de conservación prevalente en el gremio editorial, de distribución y de la mayoría de los medios de comunicación ha agudizado de tal manera esa disposición ancilar de agradar los oídos de los que depende la propia supervivencia -por vía de la subvención-, que hace innecesaria cualquier medida disuasoria.

En cuanto a El Mundo, su hermetismo tiene más difícil explicación. En primer lugar, porque en mi libro el periódico –el que era “nuestro” periódico- tiene un papel estelar y se le rinde, sin escatimar elogios, el tributo que se le debe por su papel primordial en la búsqueda de la Verdad del 11-M. Sin embargo, el elogio no estuvo reñido con la discrepancia, cuando esta se imponía para que la verdad prevaleciera. Dos fueron, principalmente, los frentes en los que mostré mi divergencia con los planteamientos de El Mundo: en un asunto de la mochila de Vallecas y en la tan traída Teoría de la Colaboración ETA-Islam. Vayamos con el primero.

Son muchas las aportaciones fundamentales del periódico en la demostración de la falsedad de la mochila de Vallecas. Sin embargo, una de ellas, precisamente la más sonada, sirvió para todo lo contrario, para apuntalar la falsa Versión Oficial (V.O.). Nos referimos a la famosa exclusiva que sacó Casimiro García-Abadillo el 6 de Marzo de 2006, en la que daba entrada al singular inspector de Policía al cargo de los efectos de las víctimas en la estación de El Pozo, Miguel Ángel Álvarez Álvarez, en la que con gran altisonancia declaraba que “no descartaba” que se hubiera dado un “cambiazo” a la mochila de Vallecas (“Las Cloacas del 11-M”, cap. XVVII). Igualmente, en la crónica se presentaba como víctima de una cúpula policial politizada y sectaria que atribuía sus denuncias a un “ánimo de venganza al no haber conseguido su propósito de lograr una cruz pensionada”.

Todos estos elementos le convertían en un adalid de la “conspiranoia”, lo cual tenía la ventaja de que cualquier posterior declaración del inspector podría encontrar en el público más crítico con la V.O. una receptividad que podría anular las señales de alarma para distinguir a los gatos de las eventuales liebres que les quisieren vender. Y es eso, exactamente, lo que ocurrió en los días posteriores a la sensacional noticia: que se coló uno de los engrudos más indigestos con los que construyó el malsano edificio de la V.O. El principal ingrediente del engrudo fue la deposición del inspector ante el juez Del Olmo, que lo llamó tres días después, el 9 de Marzo de 2006, en la que –podría decirse- debió de salir de un trastorno amnésico transitorio y recuperó de una manera inaudita la memoria; un caso muy generalizado en el 11-M, en el que las segundas o terceras declaraciones de muchos testigos, uno, dos o tres años después, completaban, si no rectificaban las anteriores, todas ellas apuntalando y rellenando las fallas del tambaleante edificio de la V.O.

En el caso que nos ocupa, Álvarez añadió un detalle que había omitido en su declaración anterior de Octubre de 2004, cuando estaba muy cercano a los hechos. En esta ocasión dijo que reconoció haber visto en la estación de El Pozo la “bolsa de deportes” que las cadenas de televisión habían mostrado a los pocos días de los atentados, porque el trabajador del Selur que estaba introduciendo las pertenencias de las víctimas en bolsones, “al intentar introducir la bolsa de deportes, al observar el peso excesivo de la misma decidió introducirla en un bolsón de basura vació para no desgarrar o desprenderlo”.  

Ya hemos demostrado ampliamente la inverosimilitud de esta declaración, y la imposibilidad de que a los Tedax se les hubiera colado una bolsa que pesaba 11 kg, habiendo tenido, además, que desactivar una mochila-trampa en la misma estación, como manifestó El inspector Cáceres Vadillo. Pero en el 11-M colaba todo lo tenía que colar, y esto no fue la excepción, sino uno de los más destacados ejemplos.

Aquí, de lo que se trataba, era de rellenar las lagunas que presentaba la investigación, y una de las principales era que nadie había visto la mochila en los trenes ni en la estación. La declaración tardía de Alvarez sirvió para añadir un nuevo eslabón: el haberla detectado en la estación de El Pozo. En los trenes habría que esperar un poco más, en concreto a Octubre del año siguiente, 2007, y en este caso contaríamos con un único testigo, un testigo excepcional, si no mayestático, nada menos que el juez Gómez-Bermúdez, que en la Sentencia de la Audiencia Nacional –y en esto secundado por sus dos acólitos- declaró urbi et orbi –aunque ni en el juicio ni en los casi 100.000 folios del sumario conste ningún otro testimonio que lo avale- que la mochila/bolsa de Vallecas se encontraba en el “piso inferior del vagón segundo” del tren de El Pozo, asunto que ya comenté en tono jocoso en el cap. 18.1. El mejor testigo el juez.

Pero estábamos con Álvarez. Para embrollar y despistar más al personal, ocurrió después el famoso escándalo de que no reconocía la bolsa que le enseñaron, que resultó ser una copia y que Sánchez Manzano tenía la original. Todo un “trapo” al que embistió Abadillo (EL Mundo, 05-05-2006) arguyendo que la prueba quedaba “invalidada” por ese motivo, cuando, la reconociera o no, no tenía ninguna validez por el mero de hecho de no haber abierto en El Pozo la bolsa y ver cuál era su contenido.

Toda esta complicada escenificación no impidió lo fundamental: que tanto Del Olmo como el Tribunal la dieran por válida, como así ocurrió. Aunque el inspector no fue llamado a declarar en el juicio oral (quizás alguien que conocía el género influyera en los abogados de las acusaciones particulares para que no le llamaran a testificar y embrollara más el patio…), este inconveniente no presentó mayores problemas, porque el testigo de la Versión 2.0. fue recogido por los dos policías que encontraron la mochila –o bolsa- en su comisaría, la de Vallecas. Ya he relatado en el cap. XIX las inverosímiles coincidencias de estas declaraciones con las de su jefe el inspector Álvarez, y el cúmulo de contradicciones de estos testimonios que podrían elevar la cotización de la V.O. a la categoría del bono-basura. Y cómo los jueces de la Audiencia dieron a la Versión 2.0. de Álvarez plena carta de naturaleza, añadiendo incluso algunos ingredientes de su cosecha para apuntarla (cap. 19.2.).

Pero el testimonio tardío de Álvarez no sólo sirvió para situar la mochila en El Pozo. También fue el pistoletazo de salida para la construcción ex novo de la Versión Oficial en todo lo que atañe al transporte de los efectos de las víctimas entre los que, supuestamente, se encontraba la mochila/bolsa. El inspector declaró, en primer lugar, que “que todo lo recogido en la Estación se introdujo en dos furgonetas que saldrían de la estación sobre las 15:30”, y que estas furgonetas fueron mandadas al IFEMA, donde las descargaron durante cuatro horas antes de recalar finalmente en la Comisaría de Vallecas, manifestaciones inciertas, como se verá. En segundo lugar, que ninguno de los bolsones había sido “manipulado” ni presentaban la menor “anomalía”, con lo que validaba la custodia de los efectos que tres días antes había puesto en solfa.

Una vez planteada la cuestión, ya sólo faltaba el barullo, la avalancha de testimonios que lo ratificara. Es lo que ocurrió seis días después, el 15 de Marzo, con las declaraciones de la mayoría –no todos, sino los más escogidos- de funcionarios policiales que intervinieron en lo que el juez Bermúdez denominó el “extravagante periplo” –probablemente para sugerir, con su natural desparpajo y endiosamiento, que aunque “tragara” a él no se la daban con queso (cap. XV).

Todo lo que ocurrió en esos días de Marzo, que podríamos denominar como “ingeniería procesal”, tenía no sólo un objetivo “constructivo”. La nueva edificación pretendía también, o quizás principalmente, ocultar los elementos ya existentes en el Sumario que apuntaban en un sentido contrario a lo que se estaba deponiendo. En concreto, no se llamó a declarar –ni se les citó a juicio como testigos- a los dos funcionarios que ya el 1 de Julio de 2004 manifestaron haber hecho más viajes a EL Pozo que los que contó dos años después el inspector, y que, además, en los segundos viajes –sobre las 17:30- llevaron efectos de las víctimas directamente desde El Pozo a la comisaría de Vallecas sin pasar por el IFEMA. Estos testimonios, los primeros, fueron coincidentes con otros tres: el de la SER, el del jefe Superior de Policía de Madrid, Fernández Rancaño, y el del Tedax Pedro, que fue el que llegó a las 2:00 a la estación de El Pozo a desactivar la mochila. Todos ellos relataron que la mochila fue directamente, -suelta, no dentro de ningún bolsón- de El Pozo a la comisaría, perfectamente identificada. Así lo contó Pedro: «Por lo que los compañeros de comisaría me manifestaron, me dijeron taxativamente que venía de El Pozo… y me hicieron esa afirmación “pues la hemos metido de cualquier manera en el maletero” pensando que era un bolso convencional pero en realidad era la bomba, y me dijeron que venía de la estación de El Pozo».

Estos viajes, los auténticos, de la mochila, es lo que denominé en el, para mí fundamental, cap. XVI como “periplos bastardos”, por haber sido excluidos e ignorados, como los hijos naturales de la realeza.

Pero siguiendo con el Tedax Pedro, nos estamos refiriendo al testigo de “referencia” más importante de todos. La Ley Procesal, en su art. 710, es clara en lo que atañe a estos testigos: “Los testigos expresarán la razón de su dicho y, si fueren de referencia, precisarán el origen de la noticia, designando con su nombre y apellido, o con las señas con que fuere conocida, a la persona que se la hubiere comunicado”.

¿Por qué el juez de Instrucción y el Tribunal, como lo exigía la ley, no llamaron al Tedax Pedro –y a Fernández Rancaño- para saber qué funcionarios de la comisaría de Vallecas fueron los que dijeron eso? ¿Cómo se les pudo escapar a los abogados de las defensas –estos, según se cuenta, escogidos por el CNI- y de las acusaciones lo que podría haber demostrado el verdadero origen de la mochila? ¿Se montó todo el guirigay de Marzo de 2006, excluyendo del juicio todos estos testimonios contradictorios de los “periplos bastardos”,  para evitar lo que hubiera supuesto la eliminación de la mochila de Vallecas como prueba de cargo, o quizás algo aun más peligroso para la V.O.?

Fuera lo que fuese, lo que no cabe duda es que la gran primicia de Casimiro García Abadillo, al que creo ajeno a esos tejemanejes, fue el primer peldaño para desactivar esa bomba de relojería. Aún recuerdo una ocasión, en mi época de Peón Negro, a finales de Diciembre no sé si de 2010, en que fui invitado entre el público a una sesión sobre el 11-M en Veo7. Participaban, con Carlos Cuesta, Antonio Iglesias, Fernando Múgica, Casimiro García-Abadillo y Pedro J. Ramírez. Antes de comenzar, en el camerino, tuve la ocasión de conocer y parlamentar con Casimiro y Pedro J. En un momento les dije a los dos que les habían metido un gol con lo de M. A. Álvarez. Recuerdo que Pedro J, más alto y corpulento de lo que imaginaba, acentuado por un elegante sobretodo de los de Sherlock Holmes, mirando para abajo enfocó fijamente su mirada en mí, y acto seguido, girando su cuello la depositó con la misma intensidad en Casimiro que, con algunos balbuceos, me dijo que cómo podía decir eso, que el inspector era una bellísima persona, que había sufrido mucho con todo lo que pasó…

Yo no lo dudo, pero estoy convencido que el gol se lo metieron por toda la escuadra. Ha pasado mucho desde entonces, pero los medios de comunicación con posibilidades de investigar este asunto, aún podrían remover esas aguas tan procelosas como movedizas. No creo, desgraciadamente, que El Mundo, después de la expulsión de Pedro J. –sin duda, entre otras cosas, por su impermeabilidad absoluta a la falsedad, y, en especial, a la del 11-M- y el mea culpa ya como director de García-Abadillo, al que sólo faltó un auto da fe para renegar de su anterior condición de “conspiranico”, no creo, decía, que El Mundo esté para más aventuras en la búsqueda de la verdad, que, ahora, con Gómez-Bermúdez et alia, deben de ver de cristal paladino.

Pero quizás El Español, el que sin duda será en el futuro “nuestro periódico” –por si acaso yo ya soy un pequeño inversor en el proyecto-, podrá tomar ese testigo. De lo que no me cabe duda es que continuará con ese espíritu, condensado en «aquellas notables palabras» que el historiador José Coroleu recordó de D. Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán en su Historia de Guatemala o Recordación Florida: «Perdone el amor propio, que es Dios primero; y como quiera que no corté la pluma para escribir novelas, sino historia adornada de verdades, no puedo por respetos humanos dejar de decir lo que se salta a los ojos como proposición irrefragable» (José Coroleu, “América. Historia de su Colonización, Dominación e Independencia”, Montaner y Simón, Editores, Barcelona, 1.894, pág. 7).

Qué maravilla sería que El Español rescatara a otro gran español, con el que comenzamos a vislumbrar esperanzados la salida del túnel del 11-M, a Fernando Múgica.

30.- GABILONDO Y EL 11-M (IV) – DECISIÓN VITAL

La Gran Soflama leída por Iñaki Gabilondo (ver el artículo anterior sobre El Tiempo Nuevo) es uno de los documentos sonoros más inquietantes que se haya podido pronunciar en España desde que se inició la Transición. El hecho de que haya pasado totalmente desapercibido (hasta la publicación de mi libro el 11 de Marzo de 2013, y a partir de ahí totalmente soslayado y silenciado), no le resta ni un ápice de su valor intrínseco en nuestra particular “Historia Universal de la Infamia”.

Y digo desde la Transición, porque las propuestas implícitas de de-sustanciación y liquidación de la nación española que lanza a la cara del Gobierno saliente, el mismo autor las equipara a las gestas de la Transición, y para ello exige, no ya colaboración de todas las fuerzas políticas, sino la más estricta “Unidad”, en un “¡Prietas las filas!” en las que se incluiría como estrella invitada a la propia ETA.

Esto, de por sí, es suficientemente inquietante –por no catalogarlo desde el punto de vista moral-, sobre todo teniendo en cuenta que se produce cuatro horas después de los terribles atentados, con el exclusivo propósito de beneficiar a quien los acaba de cometer y, por ende, a todos los que lo utilizan como “agitador” para recoger sus frutos manchados de sangre.

Pero más desasosiego produce aún la velada amenaza que parece vislumbrarse en la segunda parte de la Soflama, cuando hace el siniestro augurio de algo que puede ocurrir –y que para que tenga una carga mayor de ansiedad y suspense no lo nombra- si el Gobierno se entretiene con lemitas de manifestaciones a favor de la Constitución y rehúye el envite que se le está arrojando (lo puedes oír aquí desde el min 3:27 al 3:41):

“… y aquí sí que va, amigos oyentes, sin la más mínima duda, una profecía que verán Uds. cumplida por desgracia, y no sólo antes de las 7 de la tarde, [con gran énfasis, incisivo] antes de las 7 de la mañana de mañana”.

En el citado artículo nos preguntábamos a qué se podía estar refiriendo el locutor de la SER. El hecho es que Aznar, tres horas después, a las 14:30, hizo público su rechazo al envite y a cualquier tipo de componenda con el Terror, de una manera lapidaria:

“No vamos a cambiar de Régimen ni porque los terroristas maten ni para que dejen de matar”.

Y a partir de ese momento empezaron a ocurrir toda una serie de sucesos que supondrían una auténtica “desgracia” para el Gobierno y el PP, con la ocultación del arma del crimen (el explosivo que explotó en los trenes), y la aparición de las pruebas falsas (Kangoo y mochila de Vallecas) que islamizaron un atentado que había sido cometido -por alguien que desconocemos- con las señas de identidad de ETA. Todo ello -la ocultación del crimen y su suplantación- ocurrió en dependencias policiales, de la manera que ya hemos relatado en múltiples ocasiones, y, además, antes de las 7 de la mañana de mañana”, es decir de las 07:00 del día 12, tal y como había vaticinado con una precisión de relojero suizo el periodista estrella del grupo PRISA.

Sin embargo, tenemos que seguir preguntándonos: ¿Se refería esa profecía -que se iba a cumplir irremisiblemente- a esos sucesos, o había algo más, quizás de mayor entidad? Es una cuestión pertinente. En primer lugar, porque el locutor nunca nos ha dicho a qué se estaba refiriendo, y no podemos hacer otra cosa que conjeturar y tratar de encontrar pistas, asociaciones o coincidencias que nos alumbren el camino.

En segundo lugar, porque como ya hemos sugerido en otros lugares, los sucesos relatados protagonistas del Gran Cambiazo -o del Gran Fraude- en la investigación y enjuiciamiento de los atentados se podrían considerar en parte inducidos, provocados, forzados para evitar males mayores. Esto es mucho más patente si tenemos en cuenta, como ya hemos hecho hincapié en múltiples ocasiones, que en todos los escenarios donde tienen lugar los ocultamientos (restos de explosivo y artefactos detonadores en los trenes), las transmutaciones (Titadyn en Goma 2 Eco) y las apariciones –o alumbramientos- (Renault Kangoo y mochila de Vallecas), en todos ellos se encuentran determinados elementos policiales considerados de la cuerda del PP. Sin ir más lejos -entre otras cosas porque desconocemos el eslabón “efectivo” superior en la cadena de las transmisiones de las órdenes que se pudieran haber dado- está presente en todos esos escenarios como la máxima autoridad el Comisario de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, miembro del llamado clan policial del Opus Dei. Sin contar con el asentimiento tácito de la cúpula de Interior, tal y como lo describí en el capítulo 9.5. de Las Cloacas del 11-M.

¿Qué podía, por tanto, haber prendido la mecha con esa rapidez -a las siete horas de los atentados- para provocar e involucrar a los más diversos y dispares estamentos en esa aventurada, incierta y delictiva empresa?

No hace falta ser un asiduo a las películas de cine negro o similares para entender que la amenaza y el chantaje son dos de las armas más eficaces para conseguir torcer la voluntad de las personas. La segunda de ellas, el chantaje, fue sin duda el factor fundamental que explica todo lo que ocurrió después de los atentados, como ya hemos apuntado en los artículos anteriores y trataremos en profundidad al finalizar la serie de las Teorías del 11-M. Es más, desde entonces, el chantaje y su primo hermano, la extorsión -con el señuelo de la corrupción-, se han convertido en el leit motiv, en el auténtico protagonista de la acción –en sentido weberiano- de la política española, como describí en Armas de Extorsión Masiva. En cierto sentido, o en todo, la extorsión permanente que vivimos hoy es la “continuación del 11-M por otros medios”, que diría Von Clausewitz.

Tengo muy pocas dudas, por tanto, que el soporte de los mensajes que se lanzaron en la Gran Soflama no navegaran en esas aguas procelosas.

Pero, ¿y qué decir de las amenazas? ¿Las hubo en el 11-M? Lógicamente, el chantaje en sí lleva aparejado la amenaza de hacerlo efectivo. Pero aquí nos estamos refiriendo a la amenaza pura y dura, aquella cuyo precio, en caso de no cumplirse sus designios, es la propia vida. ¿La hubo en el 11-M?

Esto nos lleva a uno de los artículos que más hemos ponderado de Luis del Pino, Reflexiones acerca de la masacre del 11-M, absolutamente imprescindible para entender el 11-M. Al final del artículo, Del Pino se hacía eco de unas interesantísimas reflexiones de un contertulio de su blog, el Peón Negro “Rolón”, en el que analizaba el sentido de una enigmática sentencia que pronunció en el juicio oral el nº 1 policial en la la lucha antiterrorista, el Comisario General de Información Jesús de la Morena, a preguntas del abogado defensor de Jamal Zougam.

Para enmarcar este pasaje del juicio quiero hacer un inciso. Jamal Zougam fue el principal cabeza de turco del 11-M. No voy a reincidir en todo lo que se ha escrito al respecto (ver capítulo XXIV de mi libro). Lo que sí quiero destacar ahora es que si hay alguna persona que debería de saberlo mejor que nadie, esa es Jesús de la Morena. Ya referí la nula importancia que De la Morena –en la Comisión parlamentaria- otorgaba a los testimonios de los testigos para incriminar a alguien (CI, 3, pág. 102):

«Si usted ha ejercido la judicatura, sabe que las identificaciones… Nosotros somos bastante escrupulosos. Mire usted, tenemos gente identificada que está en libertad; tiene muy poquito valor. Para nosotros, como policías, y más para la Justicia, la identificación es algo más. Quiero decir que la identificación puede poner un poquito sobre la pista».

Esto lo aplicaba al caso de los reconocimientos de etarras que fueron vistos el día 11 en Madrid, para desecharlos. Sin embargo, su criterio no lo aplicó para Zougam, del que no se pudo averiguar ninguna otra “pista”, ningún indicio objetivo que le relacionara con los hechos, tal y como se reflejan en la propia Versión Oficial del 11-M. La cayó la mayor pedrea -42.000 años- solo por los famosos testimonios de las rumanas, que eran contradictorios, no ya con sus propias declaraciones sino, además,  con otros testimonios que situaban a Zougam hasta en tres trenes distintos, lo cual anulaba todas las testificales. Pero estaba claro que “había que condenar y se condenó” a alguien…

Pues bien, desde el inicio de su intervención en el juicio oral el abogado de Zougam acorraló a De la Morena preguntándole inquisitivamente por qué le detuvieron el día 13 si, como el propio Comisario estaba reconociendo, no tenía ningún antecedente. De la Morena, que estaba a la defensiva y sin argumentos, como zanjando el asunto le contestó de esta manera enigmática (ver juicio oral a partir de las 01:44:11 hrs.):

 “… y además le quiero contestar. Yo creo que es la mejor decisión que hemos tomado en nuestra vida.”

Como señala Rolón (puedes ver su comentarios nº 35 y 36 aquí), con esta respuesta el Comisario estaba reconociendo implícitamente que su detención no tenía nada que ver con los hechos, que se trataba de un acto discrecional, de una decisión individual que debería de obedecer a otras razones. El propio juez Bermúdez, cogido fuera de juego, le exigió que aclarase tan sorprendente declaración, a lo que De la Morena añadió lo que constituye el verdadero quid de la cuestión:

“Pues sí. De alguna manera ya se estaban barajando las vías islamistas y, como le decía anteriormente, ya teníamos la presión de que iban a cometer otra atentado.

Para los que han seguido medianamente de cerca los avatares del 11-M con un mínimo espíritu crítico, ya saben que ninguno de los cabezas de turco de la Versión Oficial –ya estuvieran vivos como Zougam o muertos, como los hallados en Leganés (si son de verdad los que dicen que aparecieron en los escombros)- tuvieron nada que ver con los atentados y, por tanto, poco pudieron presionar. Pero demos por buena momentáneamente la Versión Oficial y convengamos que fuera cierta. ¿Por qué sentía esa “presión” el Comisario General? Una presión con un apremio tal que, como ya confesó “anteriormente” en el juicio, refiriéndose al día 12, “todos pensábamos que el reloj jugaba en nuestra contra… iban a volver a atentar” (ver juicio oral a partir de las 00:31:56 hrs).

¿Cómo se puede tener esa presión, nos preguntamos, si el día 12 no sabían quién había ejecutado los atentados? No nos parece esta una reacción normal porque la experiencia nos dice que lo habitual es al revés, que los que están presionados son los terroristas para que no les cojan. Por eso, después de un atentado, y mucho más de esa magnitud, se suelen cerrar todas las vías de escape del lugar del crimen, por tierra, mar y aire, para evitar la fuga, algo -y esto sí que es verdaderamente anómalo- de lo que no hay constancia que se realizara con alguna entidad. ¿O es que a lo mejor sí sabían quién fue y no eran necesarias tomar estas medidas preventivas…?

El hecho es que esa presión, que De la Morena dramáticamente manifestó que la tenían “ya”, y que era “contrareloj”, no tenemos que dudar que existió, aunque resulta muy poco creíble que se estuviera de verdad refiriendo a los “islamistas”, porque como dice con gran tino “Rolón”, en esos momentos no conocían a los “pelanas” que volaron en Leganés a los que endilgaron los atentados. En realidad sí les conocían, porque eran todos confidentes, pero la decisión de involucrarles fue muy posterior, ya en las postrimerías del mes de Marzo.

¿A quién podía referirse pues? Dejo que sea “Rolón”, con sus propias palabras, el que deje planteada la cuestión:

«¿Y si se refería a los verdaderos asesinos, y la detención de Zougam (o la de cualquier moro de atrezzo) fuera una condición impuesta para no cometer otro atentado, tan brutal o más que el del jueves, pero con la misma “profesionalidad”?»

Luis del Pino parece sugerir en el artículo citado que ese podría ser el Plan B, si las cosas no se plegaban al gusto de los autores de la masacre.

¿Era eso lo que se pretendía? Lo desconocemos. Pero sí sabemos dos cosas. La primera, porque el propio Comisario nos lo ha confesado, es que la amenaza de un nuevo atentado era explícita. Y segundo, que para evitarlo tomaron una “decisión” totalmente discrecional –si no arbitraria-: detener a algún morito antes de las elecciones, del día 14, que era -como bien deduce “Rolón”– cuando se pararía “el reloj que jugaba en su contra”.

Esto nos lleva de nuevo al protagonista de esta serie. ¿A qué se refería Gabilondo en la Gran Soflama, en ese capítulo interpretado con ese “espíritu de miedo envuelto en ira” del que hablara “El Divino” Herrera, cuando profetizaba las desgracias que iban a acaecer no sólo antes de las 7 de la tarde, sino antes de las 7 de la mañana de mañana?

Lo dejamos ahí, como otra de las incógnitas irresueltas del 11-M. Pero claro, no podemos por menos de seguir apuntando las secuencias de los acontecimientos. La Soflama ocurre a las 11:35. Ya hemos dicho quién era el destinatario: principalmente José María Aznar. Y el presidente respondió literalmente a las propuestas que se le estaban lanzando -muy probablemente entre bastidores, y por personas interpuestas-, pero, por si tuviera alguna duda, explicitadas públicamente en la Gran Soflama. Y su respuesta fue ¡No!, plantarse:

“¡No vamos a cambiar de Régimen ni porque los los terroristas ni para que dejen de matar!”  

Pero aquí lo más importante y enigmático, cuyo significado me había pasado desapercibido hasta ahora, es ese “para que”. ¿A qué venía esa mención? No parece normal. Ya se sabe que los terroristas si no consiguen lo que quieren van a seguir matando. Pero a ningún político se le ocurre decir que no van a darles gusto “para que dejen de matar”. La mención parece claramente, como toda la frase y toda su comparecencia de las 14:30 del día 11; parece, decía, una respuesta directa a un desconocido interlocutor que le está haciendo unas propuestas cuyo desenlace, de no aceptarse, puede ser letal.

¿Estaba apuntando Aznar a lo mismo que se estaba refiriendo el Comisario General de Información, como intuyó el Peón Negro “Rolón con gran sagacidad? ¿Hubo una amenaza explícita de seguir atentando antes de las elecciones de esas mentes maquiavélicas y criminales autoras del 11-M?

¡Quién sabe! Y dudamos mucho que el expresidente vaya a sacarnos de la ignorancia. Todavía le debe a todos los españoles aclararnos quiénes eran esos autores venidos de desiertos y montañas no tan remotas…

Y con esto damos por concluido este serial, dejando que Gabilondo le ceda el relevo al otro gran protagonista mediático del 11-M, al que fuera director de informativos de la COPE, el supernumerario del Opus Dei José Apezarena.

Dejemos mientras tanto que el irrepetible Iñaki -esperemos- siga apacentando el Tiempo Nuevo…

Hasta pronto.

29.- GABILONDO Y EL 11-M (III) – LA CÉLULA HERMÉTICA

Después del parón veraniego, volvemos de nuevo a la carga.

En el artículo anterior, a mi entender uno de los más importantes para acercarse a las claves ocultas del 11-M (lo puedes leer aquí), incorporé el audio donde se puede escuchar la extraña perorata que Gabilondo pronunció en la terrible mañana del día 11, a la que llamé la Gran Soflama. Como ya indicamos, Gabilondo está más que presumiblemente leyendo un texto, en algunos momentos con gran énfasis, con esa carga amenazante que solo una persona acostumbrada a “crear tensión”, como él, es capaz de anunciar…

El objetivo, la diana, estaba claro: el Gobierno del PP y sobre todo José María Aznar. ¿Pero quién estaba en la trastienda de ese texto fundamental para el devenir de los acontecimientos que configuraron la realidad virtual y procesal del 11-M? Aun siendo una ardua tarea, en la que es difícil vadear el terreno de la conjetura, intentaremos rastrear las pistas que nos puedan aproximar a ese arcano inextricable.

Para ello partiremos de una evidencia en sí misma. Nada de lo que dice un periodista relacionado con el terrorismo es ajeno a sus “fuentes de la lucha antiterrorista”, a sus contactos en el seno de las fuerzas de seguridad y de inteligencia. Los medios de comunicación son cántaros en los que las “fuentes” vierten sus contenidos: informaciones, globos sondas, scoops, desinformaciones o lo que sea. Tampoco deja de ser una evidencia que no necesita demostración las parcialidades que anidan en el seno de las fuerzas de seguridad, bien sean políticas o de cualquier otra índole, secta u organización, a veces tributarias de varias de ellas, como el famoso caso del nº 3 policial en esas fechas, Gabriel Fuentes, afín al PSOE y miembro del Opus Dei.

Pues bien, si volvemos al texto de Gabilondo nos encontramos que no se facilita ningún dato ni indicio sobre los atentados que permitan formular ninguna hipótesis al respecto. Nada. Y sin embargo, se da como segura la autoría etarra. Es un hecho de lo más singular y, como ya hemos sugerido en el artículo anterior, esto sólo es entendible si quien pergeñó ese texto conocía perfectamente la naturaleza de los atentados, independientemente de que estos hubieran sido realizados por la banda o por alguien que se hiciera pasar por ella, o cualquier otra combinación con este binomio.

Pero en vez de datos, lo que contiene el texto es una serie de referencias al pasado – aparentemente abstrusas- y líneas de acción para el futuro que el locutor está impeliendo a seguir. Digo abstrusas, porque el envoltorio enigmático en que están contenidas tienen la clara intencionalidad de pasar desapercibidas para todo aquel para quien no van destinados los mensajes, que no es otro que el Gobierno del PP. Todo ello exhala un tufillo inconfundible para quien ha leído informes u otro material clasificado -o en nuestro caso desclasificado- emanado de las covachuelas de ese mundo que conocemos como “inteligencia”.

Esto nos lleva inevitablemente a otro de los textos más enigmáticos que circularon el día 11, probablemente el más fundamental para el devenir del 11-M, asunto que traté a fondo en el capítulo XII de Las Cloacas del 11-M. Me refiero a la Nota que el CNI mandó al Gobierno a las 15:51 del mismo día 11 sobre la autoría de los atentados, desclasificada por el gabinete en funciones de Aznar el 20 de Marzo (la puedes leer aquí).

A los efectos que ahora nos ocupa, queremos destacar que la Nota presenta una serie de similitudes y coincidencias con el contenido de la Soflama de lo más revelador. Para empezar la apuesta inequívoca por la autoría etarra: «Se considera casi seguro que la organización terrorista ETA es la autora de estos atentados». Y esta apuesta se hace, al igual que en el caso de Gabilondo, sin datos fehacientes que lo avalen: «… a la espera de que la investigación policial extraiga datos concretos y concluyentes».

Otro de los aspectos coincidentes es el destinatario de las misivas. En el caso de la Nota, su carácter “clasificado” no necesita más explicaciones. En el de la Soflama, no reincidimos en lo ya expuesto en el anterior artículo que demuestra que todos sus mensajes y propuestas iban destinados al Gobierno –en concreto a la cúpula de Interior- y, por encima de todo, a José María Aznar.

Los paralelismos no se quedan ahí. Si se cotejan ambos textos se puede percibir una extraña complementariedad, como un mismo propósito perseguido por vías distintas. En la Nota, el CNI, aunque todavía no se sabe quién ha sido, demuestra un conocimiento sobre las intenciones últimas de la banda que cualquiera diría que la encarnara. No vamos a negar a estas alturas, como no lo hemos hecho, que la banda terrorista ETA estaba, y está, absolutamente infiltrada por las Fuerzas de Seguridad. Esa infiltración total, y la extraña manera con la que se le ha mantenido con vida -diríase que practicándole la respiración artificial: con sucesivas decapitaciones de las cúpulas y aparatos logísticos a los que sin solución de continuidad se les reponía al día siguiente-, legitimaban manifestaciones como las que hizo premonitoriamente Julio Anguita el 28 de Febrero de 2004, en vísperas del “operativo” de la Caravana de Cañaveras: «Yo, la verdad, cada día estoy más seguro que la ETA actual está teledirigida por las cloacas del Estado», o las que realizó en 2009 en el programa Sin Complejos de Luis del Pino: «Los servicios secretos, determinados poderes, han podido «ralentizar» su final… Eso lo dije, es una sospecha que tengo, y no me viene de una noche de lucha llena. Tengo personas que me han informado hace años, pero antes del 2004». Pues bien, con estos antecedentes, nos encontramos que el CNI en el apartado 6º de la Nota, el más importante de todos, le da al Gobierno una explicación sorprendente de los motivos y objetivos por los que ETA ha decidido llevar a cabo el magnicidio:

“La precaria situación de ETA y su entramado de apoyo puede explicar que hayan optado por un atentado de esta magnitud. Ni las próximas y multitudinarias manifestaciones de repulsa, ni la difícil situación en que coloca a sus organizaciones afines son un impedimento para que la dirección etarra haya decidido materializar esta acción criminal, persuadida de que pasado poco tiempo serán mayoritarias las voces a favor de una solución dialogada del «conflicto vasco», de modo que puedan conseguir algunas de sus reivindicaciones tradicionales”.

Como todo lo que emana del CNI, es necesario hacer una hermenéutica para poder vislumbrar sus designios ocultos. Lo primero que nos salta a la vista es una flagrante contradicción, aunque, como veremos, esta es solo aparente. ¿Cómo se puede pretender que con esa terrible acción, por mucho que ETA consiguiera llevar a su campo a los nacionalistas después del asesinato de Miguel Ángel Blanco (apartado 4), la banda estuviera “persuadida” que las voces a favor de la negociación política serían “mayoritarias”? Más bien tenemos que pensar lo contrario. El mismo CNI, en el apartado 5, llevando la contraria a este supuesto, destaca que los dirigentes de Batasuna, sin saber quién había sido el autor, ya estaban poniendo pies en polvorosa. Se refiere ese apartado a la famosa conversación que el CNI intervino a las 10:15 de la mañana a Otegui, en la que el batasuno decía: «Si sale alguien por ahí [se refiere a alguien de los suyos] reivindicando esto, estamos perdidos definitivamente. Yo tengo que saberlo cuanto antes porque si es así no puedo volver a mi pueblo. Tengo que marcharme cuanto antes. Necesito saberlo».

Parece, por tanto, poco creíble el diagnóstico del CNI. Es algo que parece evidente, y que todo el mundo tenía clarísimo en ese momento, incluida la propia ETA –como vemos por Otegui-, que si la banda terrorista hubiera realizado ese atentado por sí sola tendría los minutos contados. Y no solo ella, sino la mayoría de sus acompañantes, incluidos los de Perpiñán.

¿Por qué lo dice, entonces? ¿Es que los del CNI son unos pardillos, unos vulgares “anacletos”, como les califican muchos periodistas para ocultar el desasosiego que les produce el no saber nada de lo que hacen, piensan o pergeñan? No seré yo, desde luego, quien caiga en ese fútil desahogo del imaginario colectivo. Muy al contrario. Al CNI, si de alguna manera hay que tomárselo es en serio. Siempre he defendido, por otro lado, que en ese documento se encierra gran parte de la verdad del 11-M, de una manera incompleta y en clave cifrada, si se quiere, pero las pistas principales sospecho que están ahí y, en concreto, en ese apartado 6º.

Para entender esto, hay un aspecto de la Nota que me había pasado desapercibido anteriormente que me parece crucial, y se encuentra en la primera línea del documento: «A continuación se exponen las primeras conclusiones sobre la autoría y las consecuencias de la cadena de atentados terroristas ocurridos en Madrid». Ya hemos contado varias veces la rareza de que el CNI emitiera una Nota a las pocas horas del atentado. Dezcallar así lo reconoció en la Comisión parlamentaria: «No es normal que haga notas… Si hay un atentado terrorista… a lo mejor en vez de hacerlo el primer día lo hacemos el tercero». ¿Se lo pidió entonces Aznar, o fue motu propio? No lo sabemos, pero es probable que fuese lo primero, entre otras cosas porque el presidente debería tener una gran desconfianza en sus servicios secretos y en su director –como ya hemos mostrado en la serie sobre Dezcallar en este blog- y querría blindarse de todas las informaciones que le iban pasando verbalmente teniéndolas por escrito.

Sea como fuere, el CNI le pasó esa nota al Gobierno, que no solo le confirmó en la autoría etarra –con las nefastas secuelas que esto tendría para el PP cuando se decidió darle la vuelta a la tortilla a los atentados-, sino que además añade una guinda que seguramente nadie le había pedido, anunciando que expondrá “las consecuencias” que acarrearán. ¿Por qué? ¿Qué necesidad tenían -si todavía no había extraído «la investigación policial… datos concretos y concluyentes»– de ejercer la labor de pitonisos? ¿Tenían un especial interés de que el Gobierno fuera consciente de que iban a ocurrir determinadas “consecuencias”? ¿No se trataría, más bien, de una advertencia? ¿No estaría, a lo mejor, el CNI describiendo lo que iba a pasar o, incluso más, describiendo el objetivo último de los que de verdad hicieron los atentados?

Esto es más patente si tenemos en cuenta que en todo el texto no se encuentra explícita ninguna de “las consecuencias” que parece que va a anunciar. Solo hay una, y solapada bajo las intenciones que el CNI le atribuye a ETA: que “serán mayoritarias las voces a favor de una solución dialogada del «conflicto vasco». Pero ya hemos visto que es absurdo que ETA pretendiera eso con una terrible matanza. Pero no lo es si quien hizo el atentado lo hizo con las señas de identidad de ETA –con “la firma” de ETA, que diría Dezcallar- y, de alguna manera pudiera implicar al Gobierno, por encontrarse envuelto en alguna operación paralela, como la que contó Fernando Múgica en su Primer Agujero Negro. En diferentes lugares hemos hablado de esta posibilidad, y todavía tenemos pendiente desarrollar esta hipótesis dentro de la serie de las Teorías del 11-M. Pero mientras tanto, nos quedamos con algo que nos parece evidente: esa “consecuencia” a la que alude el CNI es la realidad de lo que estaba ocurriendo… y de lo que iba a ocurrir.

La clave está en la palabra “mayoritarias”. El CNI conocía perfectamente las conversaciones iniciadas a finales del año 2000 entre Jesús Eguiguren -en nombre del PSOE- y el entorno de ETA, precisamente para encontrar y favorecer “una solución dialogada del «conflicto vasco»” en la que, como se decía al final del apartado 6 de la Nota, ETA pudiera “conseguir algunas de sus reivindicaciones tradicionales”. Estaban en el mismo barco. Teóricamente, si hubiera habido una autoría exclusiva de ETA, el PSOE tendría obligatoriamente que bajarse y hacer una piña constitucional con el PP. Pero la sugerencia que hace la Nota es que esto no es así, porque los atentados –en la tortuosa manera que hemos apuntado- se hicieron para conseguir esos efectos. Y la demostración de ello es todo lo que ocurrió a partir de entonces con la legislatura de Zapatero, en la que la negociación política con ETA y el blanqueo internacional de la banda se convirtió en el asunto monotemático del nuevo gobierno.

Pero no solo eso. Y aquí nos topamos de nuevo con Gabilondo. La principal demostración de todo lo que llevamos dicho es que la Gran Soflama, además de las similitudes apuntadas más arriba con la Nota del CNI, recoge punto por punto, asumiéndolo como si fuera un auténtico programa electoral, todo el apartado 6º, utilizando incluso las mismas palabras, lo cual nos induce a pensar que detrás de ambos textos se encuentra la misma mente maquiavélica, moviendo los hilos de ese siniestro guiñol.

Lo que para ETA, según el CNI, no era un impedimento el que se celebraran multitudinarias manifestaciones de repulsa”, en Gabilondo es una recomendación conminatoria para no seguir por esa vía: “No vale una respuesta digamos convencional, asistir a unas manifestaciones multitudinarias. Recordemos, además, la airada profecía que lanza, “que verán Uds. cumplida por desgracia… antes de las 7 de la mañana de mañana”, si el Gobierno de Aznar sigue escurriendo el bulto enredado en asuntos como el “lema de la manifestación”.

No, en la Gran Soflama se pide un “cambio de página”, el TIEMPO NUEVO, que básicamente consiste en la negociación política con ETA y todo lo que ello lleva aparejado de transformación de la nación española, para lo cual pide políticos que sean capaces de afrontar ese “desafío” como los de la Transición, que elaboraron “una Constitución que nos desconcertó a todos por haber sido capaz de unir posiciones políticas clamorosamente divergentes”. Lo que Gabilondo está leyendo en el fragor de la mayor matanza terrorista de nuestra historia, trata, ni más menos, de la refundación de la nación española en comandita con esos terroristas a los que atribuía en ese momento los atentados, pero eso sí, exigiendo además la “unión”, la “unidad” de todas las fuerzas políticas, eso que en la Nota del CNI son las voces “mayoritarias”, y en la Soflama la “Política Mayor”. Otra curiosa identidad de conceptos y vocablos que nos estaría revelando un mismo origen…

Es de resaltar, como relaté en un artículo sobre las intrigas que tuvieron lugar en la mañana del 11-M (ver aquí), que Dezcallar reconoció en su libro de ¿memorias? que la Nota se empezó a pergeñar en la reunión que mantuvieron los expertos del CNI a partir de las 10 de la mañana del día 11. El diplomático mantuvo la versión de que se transmitió al Gobierno al las 15:51. Pero ya hemos visto, gracias a la precisión de nuestro contertulio Belga, que el Ministerio del Interior manifestó en su Informe que esto debió de ocurrir en una franja horaria entre las 12:00 y las 13:30 (ver doc. Nº 1 de la Cronología). Es decir, que los términos y el contenido de ese texto estaban ya prácticamente cocinados cuando Gabilondo leyó la Soflama a las 11:30.

Cabría pensar, incluso, que gran parte de la Nota –y por ende de la Soflama- pudieran estar ya formuladas con anterioridad a los propios atentados. La complejidad y el alcance político de lo que ahí se dice, unido a las intrigas y movimientos subterráneos previos a los atentados en los que todas las Fuerzas de Seguridad y el Gobierno esperaban que iba a ocurrir algo –y es difícilmente pensable que algunos no lo supieran a ciencia cierta- permiten hacer esa conjetura. Desde luego, si algunas impresiones nos pueden transmitir ambos textos no son la imprevisión ni la improvisación ninguna de ellas. Pero dejemos de momento esta inquietante sospecha.

Lo que no podemos dejar de preguntarnos, en cualquier caso, es quién, o qué facción o facciones del CNI, pudiera ser el autor intelectual de la Nota. Recordemos de nuevo la revelación de Fernando Múgica (q.e.p.d.) en su Primer Agujero Negro:

«Lo que el Gobierno no conoce es que ya en esos momentos (se refiere a las primeras horas del día 11) se han puesto a trabajar duramente un grupo de mandos policiales y algunos agentes del CNI, de la cuerda más dura y leal al Partido Socialista, para informar a sus dirigentes de todos los detalles que puedan conducir la situación en beneficio propio. Son los mismos que consiguen que cambie de manos la investigación y que la controlarán desde ese momento. Se forma un equipo hermético que deja de lado a la Guardia Civil y que ralentiza las informaciones que se pasan al CNI. Llaman, sin embargo, cada pocos minutos a una célula del PSOE que obtiene así información privilegiada, lo que les permite montar una estrategia eficaz contra el Gobierno».

La descripción de Múgica no nos sorprende en lo más mínimo. El 11-M fue un auténtico Golpe de Estado para cambiar el rumbo de España, y ese golpe engloba no solo a los atentados, sino, además, al putsch  de carácter político, mediático y policial que tomó el relevo acto seguido, algo que solo se podía orquestar desde una “célula hermética”, desde un auténtico Estado Mayor que centralizara y coordinara todas las acciones para conseguir el fin perseguido, el cual se logró con creces. Una célula en la que con toda probabilidad estarían personajes omnipresentes en esos días que están en la mente de todos. No queremos dejar de constar que la citada célula no tenía por qué tener relación con los atentados, aunque el grado de conexión, si lo hubo, es un extremo que desconocemos por completo.

¿Y dónde situamos la Nota del CNI? ¿A qué carta jugaban nuestros servicios de inteligencia, dirigidos por un diplomático del que ya hemos glosado ampliamente en anteriores artículos sus afinidades electivas? A nuestro entender, viendo las sintonías que hemos detectado con la pieza intelectual fundamental del Golpe de Timón que se dio en esos días: la Gran Soflama leída por Gabilondo, la que marcó la Hoja de Ruta que se seguiría hasta hoy (con las resistencias que ya hemos comentado múltiples veces de Mariano Rajoy para adoptar el Reformatorio Constitucional implícito en ese itinerario, lo cual explica su persecución por tierra, mar y aire); pues bien, teniendo en cuenta todo esto nuestra impresión es que determinados y destacados componentes del Centro, quizás “mayoritarios”, como en el apartado 6º de la Nota, deberían de ser una parte fundamental de esa “célula”, aunque, eso sí, poniendo en juego todo tipo de transversalidades.

En mi libro, en el cap. 12.3. interpreté que, teniendo en cuenta los “recados” y ofertas indeclinables que José María Aznar debió de recibir esa mañana, destacando con luz propia la Soflama de Gabilondo, “el críptico mensaje contenido en el apartado 6 de la Nota podría leerse, alternativamente, como la confirmación de que el envite que pudiera estar recibiendo iba totalmente en serio”. No tengo nada que añadir a la autocita. Si acaso eso de que “quien avisa no es traidor”, o a lo mejor sí…

No obstante, y acabando ya, quiero resaltar que el adjetivo “hermético” utilizado por Múgica puede haber dado lugar a cierta confusión, si no a desviarnos de la auténtica problemática. En el 11-M, como siempre repitió el ilustre y malogrado periodista “nada es lo que parece”. La célula que se formó no creemos que fuera como las “mónadas” de Leibnitz, entes autosuficientes que no tenían puertas ni ventanas. No. El supuesto hermetismo nos induce a caer en maniqueísmos del tipo PP contra PSOE, o si ha sido Titadyne ha sido ETA y si ha sido otro explosivo entonces islamistas, antagonismos y falsos dilemas que nos presentan interesadamente como señuelos para que nos definamos y fijemos en un polo ficticio que nos impida ver y acercarnos a la realidad, a lo que de verdad ocurrió, y a los entes, que no tenían nada de ficticios, que manejaban los hilos.

Esto lo entenderemos mejor cuando inauguremos una nueva serie en la que tendrá un papel protagonista el periodista que dirigió los servicios informativos de la COPE en esos días aciagos, el destacado miembro del Opus Dei José Apezarena.

Pero antes tenemos que despedirnos de Gabilondo con un último artículo, que dejaremos para dentro de pocos días.

28.- GABILONDO Y EL 11-M (II) – EL TIEMPO NUEVO

En el anterior artículo nos habíamos quedado con la entrevista de Gabilondo a Jonan Fernández, en la que el representante de Elkarri, con voz de cordero pedía subrepticiamente la negociación con ETA: “tenemos que arreglar esto juntos, no a cabezazos, una “bonita” y “sensible” manera de referirse a las matanzas de la banda asesina, incluida la que acababa de ocurrir en los trenes de cercanías de Madrid, porque Jonan daba por supuesto que había sido ETA. Y de paso, la equiparaba equidistante con las Fuerzas de Seguridad, porque los “cabezazos” da a entender que son mutuos.

Tan deleznables palabras fueron despedidas por el entrevistador con un comprensivo “Gracias Jonan”, y a continuación, a las 11:35, sin solución de continuidad, Gabilondo expuso ya completa esa partitura que sospechábamos que llevaba escrita al menos desde las 10:07. En estos cuatro minutos largos que llamé en mi libro “la Gran Soflama” (cap. 6.7.), asunto que ya amplié en el artículo 5º de este blog (ver aquí), es muy probable que se encierre gran parte de la clave de los atentados. Por su importancia lo destaco de nuevo, recomendando al lector que no se pierda su audición, que parte de las palabras finales de Jonan Fernández en la generosa entrevista que le hace Iñaki (lo puedes oír aquí):

  1. «Muchas gracias Jonan. Nosotros desde luego necesitamos creer, hemos de decir que tenemos algunas dificultades para hacerlo, hemos vivido situaciones, no de esta envergadura, pero situaciones que han conmocionado a la opinión pública, y la voluntad de unir expresada en un primer momento de una forma incontestable por todos, duró poco, e inmediatamente después se fueron produciendo fisuras y desplazamientos en uno u otro sentido. Es demasiado grave lo ocurrido este 11 de Marzo. Otro 11, en efecto, como recordaba Fernando Vallespín, que tiene el carácter no sólo de día catastrófico, así lo ha declarado el Gobierno, sino de día negro, que lo es, de día absolutamente conmocionante para nuestro país. Sólo puede ser digerido por esta sociedad si se produce una respuesta a la altura del desafío. No vale una respuesta digamos convencional, asistir a unas manifestaciones multitudinarias. No, tiene que haber un cambio de página. No se puede seguir viviendo como se ha vivido, de espaldas unos a otros, cada uno encerrado en su burbuja autista. España tiene que plantearse las cosas de otra manera. Un Tiempo Nuevo. Lo será, si no lo es habremos fracasado, y nos gustaría que lo fuera. De experiencias anteriores extraemos muy pocos motivos para la esperanza, pero tenemos que creer que esta vez tiene que ser posible. Ciento treinta y tantos muertos. ¿Puede esto despacharse con la política de los días de labor? Esto sólo puede despacharse con la política de las grandes solemnidades. La que hizo de España un país modélico cuando fue capaz de afrontar el desafío monumental del fin de la dictadura, con una Transición inesperada, con la elaboración de una Constitución que nos desconcertó a todos por haber sido capaz de unir posiciones políticas clamorosamente divergentes, por lo que significó el pacto de la Moncloa, por lo que significaron algunas cosas que se gestionaron con política mayor. ¿Tenemos políticos de política mayor? Creemos que sí. ¿Estarán a la altura de lo que se necesita? ¡Ojalá!, pero esto no se puede resolver con la política menor. Para comenzar, yo tengo la impresión insisto en que el domingo la sociedad española tiene que ofrecer un dato que dé la vuelta al mundo, una participación en las elecciones como no se haya conocido en el mundo en los últimos 25 años, con el voto que cada cual quiera a quien quiera dar, con una participación que rompa completamente las primeras páginas de todos los periódicos del mundo
  2. Si esto no es así, pues lloraremos a nuestros muertos, los olvidaremos dentro de dos días, comenzaremos a discutir el lema de la manifestación antes de la 7 de la tarde, y aquí sí que va, amigos oyentes, sin la más mínima duda, una profecía que verán Uds. cumplida por desgracia, y no sólo antes de las 7 de la tarde, [con gran énfasis] antes de las 7 de la mañana de mañana. Pero en fin, nosotros creemos que los ciudadanos tenemos algo que decir, además de entregar la sangre que nos pidan las unidades móviles de donación, además de acudir a todos los llamamientos que se nos hagan. Tenemos una cita el domingo que tiene que convertirse en un auténtico plebiscito a favor de la democracia, desde la posición política que cada cual defienda, y si nos es así, no habremos hecho mucho. Y a las fuerzas políticas, que las esperamos en este desafío mayor. Nunca se ha encontrado ninguno de nuestros políticos en una tesitura como esta. Hasta el  momento han podido fintar a la actualidad con maniobras más o menos brillantes, o más o menos no brillantes. Esta vez se les reclama para un desafío de primer nivel. Les estamos aguardando y les estamos necesitando en ese nivel. Hoy es el día de todos unidos en torno a las Fuerzas de Seguridad, todos unidos en torno al Gobierno, y todos unidos mirando a los ojos a nuestra clase política y pidiéndole que sea capaz de colocarse a la altura de los grandes desafíos, a la democracia de nuestro país. El jueves 11 de Marzo ya está en la historia. Vamos a decidir si está en la historia sólo por lo que ha hecho ETA, o también por lo que ha sido capaz de hacer la democracia después de lo que ha hecho ETA. Son las 11 y 38 minutos de la mañana». (A continuación un minuto muy significativo de música de acción, drama y suspense…

Lo primero que quiero resaltar es que se trata de un texto abstruso, enigmático, que no pretende que entienda el gran público, porque no es este su destinatario. Necesita por tanto, una exégesis, como la que ya realizamos con “la pequeña soflama” que soltó a las 10:24. Quien lo haya oído puede albergar pocas dudas de que Gabilondo está leyendo un texto escrito. Un texto que encierra una serie de mensajes de tal calado que muy difícilmente podrían salir de la chistera del locutor, lo cual no impide, es evidente, que se identifique absolutamente con todo lo que transmite y teatraliza.

En segundo lugar, aquí también hay una amago de atacar con el islamismo (“Otro 11-M, en efecto, como recordaba Fernando Vallespín…”). Pero, se trata, más bien, como ya hiciera a las 10:07, de una advertencia, como si fuera un aviso para navegantes de que esa baza pudiera utilizarse como arma arrojadiza más tarde, si las circunstancias lo requirieren. Pero ahora, en su larga alocución, por todo su contenido, se entiende perfectamente que Gabilondo da como un hecho incontestable que es ETA la autora, y así lo dejó de claro al final: “El jueves 11 de Marzo ya está en la historia. Vamos a decidir si está en la historia sólo por lo que ha hecho ETA, o también por lo que ha sido capaz de hacer la democracia después de lo que ha hecho ETA”.

La Soflama la he dividido en dos partes. La primera es ideológica, programática. El leitmotiv es la negociación política con ETA. No lo dice, claro está. Sería una temeridad por su parte, en esas circunstancias. Pero no ha tenido reparo en traer al plató a sus adalides Carod-Rovira y Jonan Fernández, que le preparan el terreno. Jonan decía que “tenemos que arreglar esto juntos, no a cabezazos”, es decir, no con bombas -¡¡a ver si aprendemos!!-, sino negociando, y Gabilondo lo confirma con un “estilo” similar, equidistante entre la víctima y el verdugo, lamentándose, porque “no se puede seguir viviendo como se ha vivido, de espaldas unos a otros, cada uno encerrado en su burbuja autista, aunque se le olvidó añadir que unos pegando el tiro y otros poniendo la nuca. No. No se puede seguir así -sigue Gabilondo-,  “tiene que haber un cambio de página… hay que hacer las cosas de otra manera”, no como ocurrió en “experiencias anteriores” de las que extrae “muy pocos motivos para la esperanza”, refiriéndose claramente a las anteriores treguas y negociaciones con ETA del PSOE y PP, que “fracasaron”, porque esas cosas “no se pueden resolver con la política menor”. Los ciento treinta muertos que contabilizaba a las 11:35 Gabilondo no pueden “despacharse (sic) con la política de los días de labor”, hay que “despacharlos” de otra manera, se desprende claramente que negociando con los asesinos todo lo que piden. En eso consiste la Política Mayor que ya nos había anunciado a las 10:24.

Ahora bien, si alguna vez no había quedado claro que la “negociación política” con la banda asesina –así como la propia ETA- no eran sino un mero instrumento de “agitación” para así poder recoger las suculentas nueces de un proyecto mayor, más ambicioso, este texto de Iñaki Gabilondo ya nos ha despejado todas las dudas al respecto, con la declaración, como si fuera un pronunciamiento, del TIEMPO NUEVO.

Porque Gabilondo nos está diciendo que todo este largo camino que ha recorrido España, dejando atrás todo un reguero de muertos, por fin puede coronarse felizmente si haciendo de la necesidad virtud (“no hay mal que por bien no venga”, como diría el Caudillo ante la voladura de Carrero) toman las riendas de la nación líderes capaces de llevar a cabo “la política de las grandes solemnidades. La que hizo de España un país modélico cuando fue capaz de afrontar el desafío monumental del fin de la dictadura, con una Transición inesperada, con la elaboración de una Constitución que nos desconcertó a todos por haber sido capaz de unir posiciones políticas clamorosamente divergentes, por lo que significó el pacto de la Moncloa, por lo que significaron algunas cosas que se gestionaron con política mayor.

Son las 11:35 de la mañana del día 11, a cuatro horas de la masacre criminal más letal que haya sufrido España, y la Voz del Grupo Prisa nos está hablando de hacer borrón y cuenta nueva, de inaugurar un Nuevo Régimen, de adentrarnos en una Nueva Era, de hacer una Nueva Constitución: ¡¡¡es el Tiempo Nuevo, imbéciles!!! (que diría Clinton), el que se está llevando a cabo por etapas, algo que ya he mostrado en diferentes lugares (en La senda de la secesión y en  Felipe VI y el Tiempo Nuevo), comenzando por la negociación política con ETA pactada en estos últimos años, y que hoy pasa ineludiblemente por meternos en ese Correccional que he llamado el Reformatorio Constitucional (ver aquí): una paulatina sustitución de los españoles por los territorios como depositarios de la soberanía nacional hasta desembocar en un Estado, no federal, sino confederal asimétrico, con varios estados semiindependientes asociados al resto de España para poder succionarla mejor.

Esto es el 11-M, el Tiempo Nuevo que ha inaugurado el 11-M, y que lo anunció como una Buena Nueva Iñaki Gabilondo. Pero si todavía quedaban algunas dudas, la segunda parte de la Gran Soflama nos muestra mucho mejor esa estrecha relación entre los atentados y los objetivos que perseguía. Para entenderlo, tenemos que preguntarnos en primer lugar, a quién iban destinadas esas propuestas de Iñaki, que tenían que ser lo suficiente abstrusas y enigmáticas para pasar desapercibidas por cualquiera que no fuera su destinatario. Y este es, evidentemente, el Gobierno de la nación y, en concreto, su presidente, José María Aznar. Porque la Gran Soflama no es otra cosa que una propuesta, una oferta, para que el Partido Popular se pliegue a las condiciones que se le están ofreciendo, si no quiere atenerse a las consecuencias. Esto queda muy claro cuando Gabilondo dice: “Si esto no es así… comenzaremos a discutir el lema de la manifestación antes de la 7 de la tarde…”, refiriéndose necesariamente a Aznar. Recuerde el lector que el Presidente del Gobierno llamó a Zapatero a las 10 de la mañana para comunicarle que iba a convocar una manifestación al día siguiente a las 7 de la tarde, como así se difundió a esa hora en los medios de comunicación. Es, por tanto, bastante anterior a la soflama de Iñaki. Y el lema de la manifestación, que fue bastante discutido por la oposición, sería totalmente contrario a las “ofertas indeclinables” difundidas por Gabilondo, una muestra más de esa “política menor” que tanta repulsión le producía al locutor. Así decía el lema: Con las víctimas, con la Constitución, por la derrota del terrorismo”.

Y no solo repulsión. Lo que dice a continuación del lema de la manifestación es la prueba más clara, a mi entender, de que se le estaba lanzando al Gobierno un órdago a la grande del que no se esperaba otra cosa que el asentimiento: “y aquí sí que va, amigos oyentes, sin la más mínima duda, una profecía que verán Uds. cumplida por desgracia, y no sólo antes de las 7 de la tarde, [con gran énfasis] antes de las 7 de la mañana de mañana.” 

Después de oír por primera vez esta jettatura de Iñaki, me prometí que si alguna vez me topara con él cruzaría los dos dedos medios de las manos sobre sus respectivos índices, por si acaso, porque una “una profecía que verán Uds. cumplida por desgracia”, y además con la ira destemplada con que la lanza: “y aquí sí que va…” es mucho más que una profecía e, incluso, que una maldición. Y lo es, además, por dos razones:

  1. Por el nivel de detalle, ya que se verá cumplida, no antes de las 7 de la tarde”, refiriéndose al día 12 y a la hora de la manifestación, sino “antes de las 7 de la mañana…” del día 12, con lo cual, Gabilondo le estaba advirtiendo al Gobierno de las desgracias que le podrían acaecer en un abrir y cerrar de ojos si no se avenía a razones.
  2. Por el silencio misterioso que mantiene sobre el “qué” de la profecía y a “quién” va dirigida. No me acuerdo qué filósofo solía decir que “una amenaza sin objeto ni sujeto amenaza dos veces”.

Pero dejando al filósofo, y volviendo a Iñaki Gabilondo, el “quién” de sus imprecaciones creo que ya ha quedado como una evidencia en sí misma que se trata del Gobierno y su presidente. ¿Pero a “qué” se estaba refiriendo? ¿Cuáles eran las “desgracias” que podrían acaecerle? Como es una pregunta que no podemos responder, solo conjeturar, nos remitiremos, simplemente, a destacar las cosas que ocurrieron antes “antes de las 7 de la mañana de mañana”. Pero previamente quiero hacer unas consideraciones.

Me preguntaba nuestro contertulio Tucco (ver aquí), refiriéndose a “los mensajes” que se le estaban transmitiendo al Gobierno desde la SER esa mañana: ¿No cree usted que deberían haber existido otros “canales” menos explícitos para hacerlo llegar? Por supuesto, ambas vías no serían excluyentes, pero ¿qué necesidad tenían de mostrar sus cartas de una forma tan clara?”. Yo no tengo la menor duda que esos “canales” que sugiere Tucco, por medio de personas interpuestas, se debieron de haber utilizado, entre otras cosas, para pulsar la “disposición” negociadora del Gobierno y, sobre todo, de la plana de Interior. Pero también estoy convencido que desde el primer momento debieron de percibir su resistencia para avenirse a razones. En ese sentido, el hacer públicas las “ofertas indeclinables” les daba un contenido conminatorio y beligerante mucho mayor; era, por decirlo llanamente, una llamada de atención para aquellos a los que iba destinada de que “no se iban a andar con chiquitas”, que iban a por todas.

Y es un hecho que el envite fue contestado, y además por el mismísimo José María Aznar en su primera comparecencia a los medios, a las 14:30 del día 11, cuando dijo aquellas palabras que pasaron desapercibidas en ese momento, de las que Luis del Pino resaltó que encerraban la clave de los atentados del 11-M:

“No vamos a cambiar de Régimen ni porque los terroristas maten ni para que dejen de matar… No hay negociación posible ni deseable con estos asesinos… Quien decide es el pueblo español”.            

Nunca anteriormente se había hecho una proclama contra el terrorismo de ese tenor. Lo normal había sido hasta entonces afirmar con rotundidad que se les combatiría con todas las armas del Estado de Derecho, que pagarían por sus crímenes… ¿Pero decir que no van a cambiar de Régimen? ¿Qué sentido tenía lanzar ese mansaje a los españoles, que nunca pensarían que tal cosa –que se coartase la capacidad soberana del pueblo español- pudiera ocurrir? Y mucho menos después del mayor crimen contra nuestra nación.

¿A quién estaba contestando, entonces, José María Aznar? Fuera a quien fuese, en cualquier caso sus mensajes son una respuesta literal a las ofertas latentes contenidas en la Gran Soflama. Gabilondo pedía un Tiempo Nuevo, o sea, un cambio de Régimen y Aznar contesta: ¡No! Gabilondo pedía negociación con ETA y Aznar dice: ¡No! Gabilondo pide líderes que hagan “Política Mayor”, es decir, que cedan, que entren al mejunje, y Aznar contesta: “Quien decide es el pueblo español”.           

En definitiva, Aznar, a las 14:30 del día 11, no se allanó, resistió. Decidió enfrentarse, aunque, bien es verdad, la oposición duró sólo unas horas. Pero el caso es que en ese momento decidió dar la batalla, seguramente porque pensó que podía ganarla y quizás no midió bien, no sólo las bazas del enemigo, sino la debilidad de sus propios flancos. Y las “desgracias” anunciadas, a partir de ese momento arreciaron. Porque de lo que se trataba, ante la contumacia “constitucionalista” del presidente, era acabar con Aznar y con el PP. Ya no había más “zanahorias” que ofrecer. Ahora, el “palo” exterminador del islamismo, que ya había insinuado Iñaki a lo largo de la mañana, como medida disuasoria, irrumpió en el escenario para no abandonarlo más. Las “chapelas” se transformaron en “turbantes”, y las calles y las “ondas mediáticas” -con la SER en primera línea- se convirtieron en el campo de batalla para echar la culpa de los atentados al Gobierno por la guerra de Irak, mientras se le acusaba de mentir mendazmente para ganar las elecciones.

¿Es casualidad que a partir precisamente de esas horas del mediodía, una furgoneta que estaba extrañamente varada en estado de revista en Alcalá, como si esperara acontecimientos, se le diera la orden de encaminar sus pasos a las dependencias policiales de Canillas a las dos de la tarde, y que justo después de la comparecencia de Aznar, como por ensalmo, empezaran a aparecer objetos en su interior que apuntaban a la media luna, como una cinta con versos del Corán? ¿Y es casualidad que más tarde, a la 1:45 de la madrugada del día 12, apareciera en otra dependencia policial, la Comisaría de Vallecas, una mochila o bolsa con una bomba y un teléfono móvil de iniciador, que casualmente tenía una tarjeta que sirvió para montar toda la trama “islamista” que conocemos como la Versión Oficial de los Hechos? ¿Y que a las 9 de la noche del día 11 un extraño grupo yihadista, Abu Hafs al Masri, del que ningún servicio secreto internacional daba la menor credibilidad, reivindicara los atentados?

No, sin necesidad de acudir a las Reglas de la CIA (“una vez es un accidente, dos veces es una coincidencia; tres es una acción enemiga”) no nos lo parece. Entre otras cosas, porque esos tres elementos que cambiaron el curso de la autoría de los atentados, como ya he demostrado ampliamente, al igual que otros investigadores, son pruebas falsas, preconstituidas y aliñadas por elementos de eso que conocemos por las cloacas del Estado. Lo que sí nos resulta impresionante, en cualquier caso, si no estremecedor, es la capacidad predictiva de Gabilondo, pues nunca hemos visto anunciada una “una profecía que se va a cumplir por desgracia” de una manera tan certera, y con tanta exactitud: “antes de las 7 de la mañana” del día 12.

Pero volvamos a la mañana del día 11. Una duda nos asalta, a saber: ¿Si la evidencia admitida por todos al principio era que ETA había sido la autora de la masacre, cómo se puede entender que se le pidiera al Gobierno que negociara con ella, además al Presidente que más la había combatido y odiado, y que no solo eso sino que se propusiera un cambio de régimen para darles más gusto? ¿No tendrían, más bien, que haber salido corriendo de España, todos los que defendían esa posición?

Y en efecto, tendrían que haber puesto pies en polvorosa. Recordemos, como contó Fernando Múgica en su primer Agujero Negro, que justo después de la declaración de Otegui a las 10:15 de la mañana en que negaba que ETA fuera la autora, el CNI le grabó una conversación telefónica en la que, preso del pánico, decía: «Si sale alguien por ahí [se refiere a alguien de los suyos] reivindicando esto, estamos perdidos definitivamente. Yo tengo que saberlo cuanto antes porque si es así no puedo volver a mi pueblo. Tengo que marcharme cuanto antes. Necesito saberlo». Una postura muy sensata. Entendemos perfectamente que en esas circunstancias lo que menos podría desear es ser reconocido.

¿Y entonces, cómo se explica lo de Gabilondo, dando ese protagonismo a Carod-Rovira y Jonan Fernández, que tendrían que haber viajado de polizón en cualquier chalupa a vapor rumbo a Nueva Zelanda? ¿Cómo se explica, además, que recogiera y enarbolara él mismo esa bandera, y con esa amenazadora prepotencia?

Sólo hay una manera de responder a esta pregunta: porque quien fuera que estuviese detrás de esas propuestas -evidentemente el “autor intelectual”- tenía bazas muy fuertes que jugar contra el Gobierno, que podían tumbarlo o dejarlo contra las cuerdas, y, precisamente, en relación a unos atentados que llevaban inequívocamente “la firma” de ETA. Repárese en esto, porque es la clave para entender este capítulo fundamental del 11-M. Todas esas propuestas de la Gran Soflama están referidas a ETA, y sólo tienen sentido si quien las hace sabía fehacientemente que los atentados habían sido hechos con “las señas de identidad” de ETA, de manera que fuera quien fuese el verdadero autor (ETA, Cloacas con ingredientes etarras, o Cloacas a secas, las dos últimas las más probables, como se verá en un próximo capítulo de “Las teorías del 11-M”), se le pudiera achacar a la banda.

Ya sabemos que los hechos nos dan la razón, porque como he demostrado en los capítulos V, VII y X de Las Cloacas del 11-M –en línea con la investigación científica de Antonio Iglesias en su libro Titadyn– en los trenes, al revés de de lo que dice la “trucada” sentencia de la Audiencia Nacional, no explotó Goma2ECO sino Titadyne, el explosivo habitualmente utilizado por ETA. Es de lo más significativo que el Director del CNI, Dezcallar, como si apuntara a algo de lo que prefería no hablar –aviso para navegantes-, sembrara la duda en la Comisión de Investigación sin que nadie le inquiriese al respecto: «La gente dice: si es Titadyne es ETA. No. Si es Titadyne no es ETA. Si es Titadyne lleva la firma de ETA» (vid. artículo del blog nº 12).

Preguntemonos: ¿Tenía algún sentido la Gran Soflama, en su contenido y en sus advertencias conminatorias, si quien la escribió no supiera quién era el autor, o que supiera que eran islamistas? En ninguno de los dos casos. Nadie se tira con ese ímpetu exterminador a una piscina si no está seguro que está llena.

¿Cuáles eran, por tanto, esas bazas que permitieron hacer esas ofertas de gran calado que “no se podían rechazar”, aunque Aznar, quizás incauto, las rechazó? He explicado en otros lugares cuáles podían ser (por ejemplo en el art. citado anterior y en el capítulo XXVII de mi libro), y las desarrollaré más a fondo próximamente. En resumen, al Gobierno le vendieron, como reveló Fernando Múgica en su primer Agujero Negro, que ETA iba a atentar en las vísperas de las elecciones, pero se le aseguró que se iba a poder abortar y, de paso, desarbolar a toda la cúpula y los aparatos logísticos de la banda, es decir acabar con ella. La fecha que daban era el día 12 de Marzo, lo cual confirmaron de manera aproximada los altos mandos policiales y de la Guardia Civil. Díaz de Mera dijo en la Comisión que “sabíamos que la organización terrorista ETA se iba a hacer presente en el proceso electoral” (CI, 9, pág.4), al igual que los jefes de Información De la Morena y el General García Varela. Y parece obvio que si le vendieron esto es porque se trataba de una operación teledirigida y controlada desde la propias Cloacas, en principio afines al PP. Pero lo que se encontraron fue un adelanto de los atentados con una gran masacre encima de la mesa. Indudablemente, alguien se había enterado de la operación –si no es el que la había propiciado- y había decidido darle un escarmiento Aznar. El Gobierno fue sorprendido por cloacas internas enemigas, y, además, muy probablemente, traicionado por las suyas. Ya habrá tiempo de entrar más en detalle en esta guerra de cloacas. Pero el hecho es que la superposición de las dos operaciones, todas emanadas de las sentinas del Estado, pero con el señuelo de ETA -sin descartar su colaboración-, dejaba en una posición delicadísima al Gobierno, porque se le podían atribuir directamente la autoría de los atentados.

Con estos ingredientes letales en la trastienda es con lo que se le lanza al Presidente del Gobierno el órdago a la grande del TIEMPO NUEVO. Aznar a las 14:30, como hemos visto, se plantó. Y el lector de nuevo se preguntará. ¿Por qué, entonces, si los atentados habían sido realizados con las señas de identidad de ETA, y había bazas para echarle las culpas al Gobierno, por qué no lo hicieron? Evidentemente, porque éste se defendería y saldrían a la luz no sólo sus vergüenzas, sino las de los verdaderos autores. Es decir, que todo el mundo perdería. Se derrumbaría todo el Sistema. Pero eso no quitaba que el Gobierno estuviera maniatado y no pudiera oponer ninguna resistencia al Plan B, el montaje islamista ex post para echarle las culpas a Aznar por la Guerra de Irak y, de paso, acusarle de mentir. Y Aznar no pudo hacer nada porque fueron sus propias cloacas afines las que se pusieron a tapar el verdadero atentado –y colaborar en el “islamista” de repuesto-, entre otras cosas para borrar las huellas que hubieran podido dejar en la operación incruenta prevista para el día 12.

Recuérdese, a título meramente ilustrativo, que en los escenarios donde ocurre “la transmutación” del Titadyne en Goma2ECO, la figura presencial más importante es el Comisario General de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, del llamado clan policial del Opus Dei, que también es omnipresente en todo lo que rodea a la mochila de Vallecas. Claro, que cuando hablamos de cloacas “afines” estamos haciendo suposiciones. A lo mejor no eran tan “afines” como pudiera pensarse. En un próximo artículo, cuando le toque el turno a José Apezarena, tendremos ocasión de replantear el asunto.

Pero ya nos hemos alargado más de la cuenta. Todavía hay cosas que dilucidar sobre ese “equipo hermético” que se hizo con el control de la investigación de los atentados y que pasaba la información a una “célula del PSOE”, como sostenía Fernando Múgica en su Primer Agujero Negro, además de indagar las razones por las que Aznar dijo que “no vamos a cambiar de Régimen… para que (los terroristas) dejen de matar. Ese “para que” es de lo más intrigante y creo que no habíamos reparado suficientemente en su significado. ¿Se recibió, acaso, además de “ofertas indeclinables”, alguna amenaza más concreta de los propios autores de los atentados?

Lo dejaremos para el próximo día.

27.- GABILONDO Y EL 11-M (I) – LA TROIKA

Todo el mundo sabe que en épocas de guerra no existe libertad de expresión en los medios de comunicación, porque están totalmente al servicio de la propaganda y la política de desinformación del bando al que sirven. Y por supuesto, da igual que el bando en cuestión represente a una democracia o a un régimen totalitario infernal. La guerra, como la muerte, es la gran niveladora, iguala a todos por el mismo rasero, independientemente de que los motivos que lleven a ella sean justos o deplorables.

Esto, en gran medida, también es aplicable en épocas de paz, sobre todo en lo que atañe al terrorismo, que, como ya hemos indicado en numerosas ocasiones, parafraseando a Carl von Clausewitz, “es la continuación de la política por otros medios”. Y mucho más aplicable al caso español, en el que el terrorismo vernáculo de la ETA ha sido sistemáticamente utilizado como “agitador del árbol” para que otros (y no sólo los nacionalistas ni exclusivamente partidos políticos) “recojan las nueces”, como podemos comprobar si nos fijamos en esta vulnerable España terminal, a gusto de todos los enemigos de nuestra nación milenaria.

No digamos, por ende, si de lo que estamos hablando no es sólo de terrorismo, sino de terrorismo de Estado, como es el caso del 11-M, algo que ya sugirió sutilmente en la Comisión de Investigación parlamentaria nada menos que el Secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Astarloa, cuando haciéndose el encontradizo, como si se cayera de un guindo, lanzó este misil (indudablemente para que que no le apretaran mucho las tuercas, no fuera “que nos hiciéramos todos daño”, algo que, por cierto, consiguió con creces):

«… no tengo el más mínimo a priori sobre ninguna de las hipótesis, que es quien haya sido…. para llegar a saber quién ha sido no descartar nada…, hay que llevar hasta sus últimas consecuencias todas las líneas, se llamen ETA, Al Qaeda, servicios secretos, se llame lo que se llame… He mencionado servicios secretos, terrorismo de Estado…».

Sirva este prólogo para enmarcar la estrecha dependencia y complicidad que tuvieron los medios de comunicación con muchos de los sucesos relacionados con el 11-M, lo cual, aunque de un carácter absolutamente “generalizado”, tuvo dos nombres propios que descollaron por encima de cualquier otra referencia: Iñaki Gabilondo, el periodista estrella del Grupo Prisa, y José Apezarena, el director en esas fechas de los Servicios Informativos de la cadena COPE, a los cuales irán dedicados los próximos capítulos de este blog.

Gabilondo pasará ya a la historia como el periodista que difundió el bulo de los suicidas que sirvió para asestar un golpe definitivo electoral al Partido Popular. En realidad no fue él el primero en hacerlo. La primera fue la locutora de la SER, Ana Terradillos, a las 22:00 del día 11, de una manera muy escueta: «… en el primer vagón del tren que estalló antes de llegar a Atocha, iba un terrorista suicida. Interior no lo confirma».. Pero cuando abrió su programa a las 6 de la mañana del día 12, Gabilondo acogió “la primicia” con tanto énfasis y ornamento que se ganó desde entonces la primogenitura de “la noticia”: «Las fuentes consultadas por la SER confirman que una persona llevaba tres capas de ropa interior y estaba muy afeitada, una práctica muy habitual entre los comandos suicidas islámicos antes de inmolarse».

Sin embargo, no es esto lo más importante de la labor “informativa” que desplegó el locutor de Prisa en esos días de oprobio. En el 11-M nada es lo que parece. Todo es un trampantojo. Los recordatorios vergonzantes de este suceso que regularmente le lanzan los periodistas que están al otro lado de la trinchera, especialmente Federico Jiménez Losantos, aunque merecidos, para lo único que sirven es para que Gabilondo se blinde con lamentaciones “jeremiacas” denunciando la injusticia que se comete con él por asunto tan menor, del que no es en absoluto responsable…

Pero en realidad, el relieve que se la da a este suceso, con el que Gabilondo en el fondo se encuentra la mar de cómodo, lo que hace es desviar nuestra atención de lo fundamental: del oscuro papel que desempeñó en esos momentos decisivos en que se fue decantando la suerte del 11-M, en concreto, entre las 10:07 y las 11:40 de la mañana del día 11.

Desarrollé todo esto en uno de los capítulos que considero más novedoso de las Cloacas del 11-M, el capítulo VI: La batalla político-mediática, y me sorprende –o quizás no- que apenas ningún periodista haya reparado en el relieve y relevancia que tuvo todo lo que ahí se coció para entender, no ya la naturaleza de los propios atentados, sino el devenir de todo el proceso de descontitucionalización y desustanciación de la nación española que le sucedió.

Veamos si ahora tenemos más suerte. Pero antes de entrar en faena, voy a dar dos pistas que ayudarán a situar los acontecimientos. La primera la dio Fernando Múgica (q.e.p.d.) en su Primer Agujero Negro:

«Lo que el Gobierno no conoce es que ya en esos momentos (se refiere a las primeras horas del día 11) se han puesto a trabajar duramente un grupo de mandos policiales y algunos agentes del CNI, de la cuerda más dura y leal al Partido Socialista, para informar a sus dirigentes de todos los detalles que puedan conducir la situación en beneficio propio. Son los mismos que consiguen que cambie de manos la investigación y que la controlarán desde ese momento. Se forma un equipo hermético que deja de lado a la Guardia Civil y que ralentiza las informaciones que se pasan al CNI. Llaman, sin embargo, cada pocos minutos a una célula del PSOE que obtiene así información privilegiada, lo que les permite montar una estrategia eficaz contra el Gobierno».

La segunda pista nos la dio Eduardo Zaplana en la Comisión de Investigación parlamentaria, cuando dijo que tenían datos (del contexto de desprende que del CNI) de que Carod-Rovira había mantenido conversaciones desde la mañana del día 11 con Arnaldo Otegui para «desgastar al Gobierno para que no tenga ningún beneficio político electoral» (ver aquí, pág. 106).

La intriga que revelan estos testimonios traslució muy pronto. Fue Rodríguez-Zapatero el que enseñó la patita, en su segunda aparición en los medios, cuando después de atribuir al atentado a ETA y de utilizar el manido mantra de la unidad de los demócratas le lanzó este misil al Gobierno: «… y desde luego espero que el Gobierno informe a todos los partidos de cuál ha sido el alcance, las circunstancias, de esto que, lamentablemente, los minutos confirman que puede ser una gran tragedia».

Es sencillamente inaudito que el jefe de la oposición lanzara esas sospechas sobre el Gobierno a las 8:50, cuando apenas había transcurrido una hora de los atentados. Ahí está contenida la amenaza (“espero que el Gobierno informe…”) que sería más tarde el leit motiv de la campaña de agit-prop que tumbaría al PP: “El Gobierno miente”. La sutil mención a algo tan concreto como el “alcance, las circunstancias de esto” -unido a esa amenaza frontal- es muy difícil de entender, si no es desde la presunción de que Zapatero ya podría saber a esas horas lo que de verdad había pasado –o al menos ya le podrían haber puesto sobre la pista-, y más aún, que sabía que el Gobierno del PP tendría cosas que ocultar de “eso que había pasado”. Nadie se tira a un charco plagado de minas si no conoce donde están colocadas… El “equipo hermético” del que hablaba Múgica, le debería haber ya aleccionado…

Que fueron amenazas es algo que pronto se podría comprobar por el inequívoco acuse de recibo que emitió uno de los principales objetivos del ataque, el ministro Acebes, a las 11:30, en su primera aparición pública: «Les iremos dando a lo largo del día toda la información según vayamos teniéndola, de manera rigurosa, de manera seria, pero ahora hay que dejar trabajar a los servicios de seguridad…». Emociona ver tanta solicitud, tanta obsequiosidad… Aunque todavía no era un barco hundido, estaba seriamente tocado…

¿Y qué hacía Gabilondo, a todo esto? Sus comienzos fueron ejemplares. Desde primera hora de la mañana se había mostrado consternado. Fue de los primeros en atribuir los atentados a ETA, a las 8:05, y sus referencias a la unidad continuas, como la que hizo a las 9:29, que parecía ungido de fervor evangélico (San Juan, 17, 21: “… para que todos sean uno”). Esto decía: «… son los días en que lo primero que hay que hacer es colocarse en torno a la autoridad y…eh…, en fin, ser en torno a la autoridad uno». Debió de ser un trastorno temporal, transitorio. Pero no le duró mucho. Apenas media hora. A partir de las 10 dio un giro de 180º y recuperó su ser, su esencia, en su estado más prístino. A las 10:07, aprovechando como noticia “la amenaza” de Zapatero que ya hemos glosado, tomó claramente el relevo y el liderazgo del acoso al Gobierno, “a la autoridad”, irrumpiendo con un mensaje sibilino (lo puedes oír aquí):

«Estamos hablando de un atentado de una envergadura tal… Damos por supuesto que se trata de ETA, no lo sabemos todavía de quién se trata, difícilmente pudiera ser alguien distinto, (y aquí hace una pequeña pausa y resalta con énfasis) a no ser que…, metidos como estamos en este mundo enloquecido donde está actuando así el terrorismo internacional. ¡Quién sabe! ¡En fin! Tiempo habrá, porque por el momento nos están reclamando atención acontecimientos de una urgencia muy superior».

La SER ha censurado de nuevo su Fonoteca del 11-M (se podía oír aquí) pero afortunadamente tengo guardados algunos pasajes como este, donde se puede escuchar la peculiar y extraña dicción del locutor. Da toda la impresión de que está leyendo un texto, que tiene delante, un guion escrito. Más adelante se verá esto con mayor claridad. Pero vayamos al contenido. A esas horas nadie dudaba que era ETA la autora de los atentados. Prácticamente todos los políticos se los atribuyeron. Zapatero a las 8:50 y 9:30, al igual que Llamazares (9:15), Durán y Lleida (9:15), Ibarretxe (9:30), Carod-Rovira (10:00)…

El Gobierno y el PP fueron de lo más parcos y remisos. El primero en hacerlo fue el ministro portavoz, Eduardo Zaplana, a las 10:00. Ningún dato -a esas horas prácticamente inexistentes- podía avalar lo contrario. Pero Gabilondo sí duda. Ahora bien, no se trata de una muestra de cautela, o de mera precaución ante lo todavía desconocido. No. Aquí lo importante es que plantea como posibilidad -y es la primera persona que lo hace- el que el terrorismo pudiera ser “internacional”, es decir islamista. Pero lo hace de una manera oscura, misteriosa, porque primero enseña “la zanahoria” de ETA (“difícilmente pudiera ser algo distinto”) para renglón seguido enseñar “el palo” del atentado islamista. Y lo hace con un ligero tinte de amenaza : “¡Quién sabe! ¡En fin! Tiempo habrá”… para ajustarle las cuentas al Gobierno, parece sugerir…

Nótese, por tanto, y esto es importante, que la estrategia de acoso, el agit-prop preexistió a cualquier postura que adoptara el PP sobre los atentados. Era algo dado, anterior. Que tomen nota todos los que repiten como loritos el mantra de que que el Gobierno “gestionó” mal los atentados y que por eso perdió las elecciones. Y en efecto. Lo gestionó mal, porque no supo contrarrestar el putsch que ya a primeras horas de la mañana se comenzó a “gestar”, y esto sí que se “gestionó”, hay que reconocerlo, con gran maestría.

La alocución de Gabilondo ocurre a las 10:07. Y sólo unos minutos después, a las 10:15, irrumpe en el escenario Arnaldo Otegui con unas declaraciones a una radio vasca, que marcarían el terreno político en el que se jugaría la gran partida del 11-M. Otegui negó que fuera ETA y añadió (así recogió la Agencia Efe sus palabras):

«Según afirmó, lo primero que pensó cuando conoció los atentados es que “el Estado español mantiene fuerzas de ocupación en Irak y no hay que olvidar que ha tenido una responsabilidad en la guerra de Irak”.

“El ‘modus operandi’, el número elevado de víctimas y el modo de proceder a mí me da que pensar y ahora mismo tengo en la cabeza como hipótesis que efectivamente haya podido ser un operativo de sectores de la resistencia árabe”, concluyó».

La ecuación “Guerra de Irak-Venganza islamista-Gobierno culpable” está aquí planteada por primera vez con todos sus componentes, en estado puro, ecuación que muy pronto el PSOE llenaría de contenido guerra-civilista. Pero la pregunta que nos hacemos ahora es la siguiente: ¿Fue una casualidad la coincidencia horaria y de contenidos entre la sutil “advertencia” de Gabilondo y la proclama de Otegui? ¡Quién sabe ! ¡En fin! Tiempo habrá… de responder a esta pregunta.

Pero el hecho es que, fue hacer esa irrupción Otegui, y a los dos minutos, las 10:17, Gabilondo abrió sus puertas de par en par a la persona que había firmado el infame pacto de Perpignan con la ETA por el que la banda podría atentar en cualquier sitio menos en Cataluña, a Carod-Rovira. Y la entrevista que le hizo, bastante amplia (7 minutos), no fue para afearle su abominable pacto. En absoluto. La cordialidad, la comprensión, las maneras del locutor hacia el incalificable personaje fueron exquisitas. Carod se explayó a gusto y defendió sin tapujos que había que dialogar con esos terroristas que él mismo estaba reconociendo en la entrevista como autores de los atentados. Y no sólo eso. Además le dirigía al Gobierno toda una admonición, en tono también amenazante, en el estilo que ya habían inaugurado Zapatero y Gabilondo (lo puedes oír aquí): «Quien tenga capacidad de decidir cosas que asuma sus responsabilidades y constate que alguien debe hacer que la palabra se convierta también en el instrumento definitivo para que se acabe la barbarie».

Hay que estar muy sobrado, muy seguro de sí mismo para permitirse sugerir, justo después de una terrible masacre de la que todavía no se sabía el número total de víctimas, que hay que negociar con esos asesinos, y no sólo eso, sino además echarle las culpas al Gobierno (“que asuma sus responsabilidades”) por su cerrazón. Desde luego, Carod no pudo encontrar un medio más receptivo para evacuar sus vilezas.

Gabilondo, justo después de la entrevista a Carod, a las 10:24 (a tres horas escasas de los atentados), empieza a hacer una serie de reflexiones. Se siente seriamente compungido por el dolor –“es lo primero”, dirá- pero no puede olvidar que hay una cita electoral “y la provocación a la democracia debe ser respondida”. A continuación, poco a poco, va introduciendo nuevos conceptos. Parece evidente que está leyendo de corrido, como sospechábamos, un texto ya escrito. Esto ya es un avance mayor de ese guion del que tenemos la sospecha que nos está administrando con cuentagotas. Lo reproduzco a continuación, porque no tiene desperdicio (lo puedes oír aquí):

“Además de eso está siendo desafiada toda la sociedad, que tiene el domingo una cita en las urnas. ¿Qué vamos a hacer con eso? ¿Cómo vamos a afrontar eso?¿Vamos a saber hacerlo? ¿No vamos a saber hacerlo? Es el momento que tenemos que estar a la altura de nuestra verdadera dimensión como ciudadanos, pero, es el momento en que tenemos que requerir que estén a la altura todos nuestros representantes públicos. Momentos de estar unidos todos en torno a la autoridad, pero, momento de mirar a los ojos a los políticos, pedirles lo mejor de sí mismos. No nos va a valer la política chica (y ahora con gran énfasis y en tono despectivo) que con tanta vergüenza hemos ido viviendo durante todo este tiempo atrás. Va a ser necesaria LA POLÍTICA MAYOR. Estamos en condiciones de esperar de nuestros líderes la Política Mayor. ¿Tenemos líderes capaces de dirigir la Política Mayor? (Y ahora en tono conminatorio) Confiemos en que sí. Cuentan con nuestra…con nuestro apoyo. Pero no nos pueden defraudar. Esta vez no nos pueden defraudar. Es imposible que se produzca cualquier cosa diferente de la unidad y de la solidaridad colectiva en torno al drama.

Una persona normal, oyendo esto, en las terribles circunstancias del mayor drama colectivo que estaba sufriendo España, no podría por menos de preguntarse: “¿Pero de qué está hablando este hombre? ¿A dónde nos quiere llevar? Y aunque oscuro y retorcido, es muy evidente de lo que está hablando. Él mismo lo dice. Está hablando de POLÍTICA. No de terrorismo, ni de lo malos que son los terroristas. Está hablando de “afrontar eso, el terrorismo, con la política, pero no con la que él llama “política chica”, a la que dedica su mayor desprecio, la que se ha practicado “con tanta vergüenza durante todo este tiempo atrás”, es decir, la de arrinconar a ETA y a sus cómplices y compañeros de viaje: HB, PNV, ERC y CiU, que quedaron excluidos del “Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo” mientras no renegaran del Pacto de Estella y de Barcelona (que suscribió CiU).

No. Es la contraria. La que llama POLÍTICA MAYOR, la que se basa en el mantra de “la unidad de todos los demócratas” contra el terrorismo (que incluye a todos aquellos que el “Pacto contra el Terrorismo” excluía) y que en lenguaje orwelliano significa la negociación política con ETA, o, lo que es lo mismo, la claudicación del Estado ante los terroristas. ¡¡¡Y que a nadie se le ocurra  “que se produzca cualquier cosa diferente de la unidad!!!, nos advierte Gabilondo, mientras se pregunta si habrá “líderes capaces de dirigir la Política Mayor”, a lo que contesta con un tono que también nos produce cierta inquietud: “Confiemos en que sí”. Porque, ¿qué podría pasar si no los hubiera? En el próximo capítulo tendremos la ocasión de adivinarlo.

Quien no interprete este texto como lo acabo de hacer, tiempo tendrá de comprobarlo, estoy convencido, en esta serie. Ahora bien,después de escuchar esta pequeña soflama, ¿alguien sigue dudando que el 11-M no fuera otra cosa que Política? Pues si lo hace, el gran Gurú de la corrección política, el gran fustigador de los indeseables “conspiranoicos”, el Gran Iñaki, ya le ha sacado del error, a la manera que lo hiciera Bill Clinton con G. Bush padre: “¡Es la política, imbécil!”

Acabemos ya con este capítulo contándoles una última escena. Gabilondo, para terminar de cerrar el círculo virtuoso y poder “ser en torno a la autoridad uno, dio entrada apenas una hora después a una de las personas más significadas del mundo abertzale, al presidente de Elkarri, Jonan Fernández, un auténtico lobo con piel de cordero salido de las filas de Herri Batasuna/ETA. ¿Y qué nos propone Jonan, después de condenar compungidamente los atentados? Pues nada muy lejos que lo de Gabilondo: negociación política con ETA y UNIDAD, todos juntitos: «Creemos también que todo esto merece reflexión, reflexión por todo lo que se ha hecho últimamente, no todo se ha hecho bien, reflexión sobre la política antiterrorista, reflexión sobre el futuro, tenemos que arreglar esto juntos, no a cabezazos».

Nos hemos quedado en las 11:35 de la mañana. Todavía nos faltan 5 minutos, el colofón de todo este tortuoso y sinuoso “viaje al fin de la noche” por el que nos parece llevar el periodista estrella del Grupo Prisa. Pero esto lo veremos en el siguiente capítulo. Mientras tanto solo quiero añadir un par de cosas. En primer lugar son de resaltar “las afinidades electivas” de Gabilondo. “Dime con quién andas y te diré quién eres”, dice nuestro refranero. Pero mucho más llama la atención las coincidencias horarias y la similitud de mensajes que nos ha venido lanzando esta “Troika” una y trina.

Decía Eduardo Zaplana, como ya vimos, que tenían datos de que Carod-Rovira había mantenido conversaciones desde la mañana del día 11 con Arnaldo Otegui para «desgastar al Gobierno para que no tenga ningún beneficio político electoral». ¿Se dejó alguien en el tintero Don Eduardo? Dejamos al lector que responda a esta pregunta. Pero recordemos, en cualquier caso, una de las reglas fundamentales que se impartía en la CIA a los novatos para que pudieran discernir la naturaleza de los acontecimientos:

  • Una vez es un accidente
  • Dos veces es una coincidencia
  • Tres veces es una acción enemiga

26.- LA NOCHE DE LA LIBERTAD

Qué noche más grande. De momento han tenido que irse con el rabo entre las piernas. Esperarán hasta poder dar un nuevo golpe. El leitmotiv del Régimen era echar a Mariano, y ahí estaba Mariano, en Génova, exultante, rodeado de las bellísimas chicas del PP, que no son precisamente las de Almodóvar.

El discurso de Mariano descomunal. Ha dicho todo lo que no se puede decir, lo que no está permitido decir en España, y es eso mismo, España, y la ha nombrado sin cesar, y a los españoles, y sobre todo ha dicho algo que nos da la clave de todo lo que ha pasado en los últimos tiempos en España: que “el PP no está a las órdenes de nadie”, apuntando a esos poderes en la sombra que tienen anegada a la nación desde el 11-M y que manejan ese guiñol macabro y esperpéntico poblado de Riveritas, Sánchezes  y podemitas

¿Se habrá rebelado definitivamente Mariano? ¿Se les habrá fastidiado definitivamente el Reformatorio? Dios lo quiera. Pero la intuición que teníamos, de que Mariano, Soraya y el PP era el único estorbo de sus planes liberticidas, parece que era acertada, y esperemos, por tanto, que sigan resistiendo, a la manera spinoziana, que es perseverar en el propio ser, y que está indisolublemente unido a nuestro ser español.

Solo por eso le perdono a Mariano todas sus defecciones pasadas. Como dijo en su discurso, con más razón que un santo, “por suerte para España, han ganado los demócratas y la libertad”.

¡Alegría!

25.- JUAN COTINO Y EL 11-M

De lo que ocurrió de verdad en el 11-M no sabemos nada. De lo que pasó después sabemos mucho más. Para empezar que todo lo que constituye la Versión Oficial de los Hechos es una soberana mentira desde principio a fin. Pero todavía hay muchos episodios, y personajes, que apenas han trascendido a la luz pública, que podrían aportar mucha luz sobre la manera en que se edificó esa Gran Estafa que se les vendió a los españoles –que no por haber estado amparada al abrigo del Poder sería menos merecedora del rigor del Código Penal-.

Dedico a continuación algunos artículos para desarrollar con más énfasis asuntos que ya esbocé en mi libro “Las Cloacas del 11-M”, con la esperanza –seguramente vana- de que puedan remover las conciencias de muchos de los tramoyistas que transitaron entre los bastidores de ese escenario letal que marcó la vida de nuestra nación.

El primero de ellos lo inauguramos con un personaje recurrente en las páginas de sucesos de este “Estado de Extorsión” –mucho más importante que el “Estado de Corrupción”, al que maneja- que está llevando a España a su fase terminal. Nos referimos a Juan Cotino. Lo que viene a continuación fue un artículo que escribí sobre el político valenciano hace dos años y medio para un medio digital, a propósito de una noticia relacionada con el 11-M. Por causas que desconozco ese artículo no fue publicado, lo cual me da pie a desempolvarlo para que no quede en el baúl de los relatos inéditos.

Juan Cotino y el 11-M

 Don Juan Cotino lo ha sido todo en Valencia: Delegado del Gobierno cuando ocurrió el 11-M y después Consejero de Agricultura, Pesca y Alimentación, Vicepresidente de la Comunidad y Presidente de las Cortes. Pero lo más importante, y de lo que probablemente se derivan sus anteriores prebendas, fue su nombramiento como Director General de la Policía en el primer Gabinete de Aznar.

Se ha hablado mucho de los clanes policiales dentro de la Policía. No es un secreto para nadie que conozca y siga los enredos de la vida política española que las Fuerzas de Seguridad e Inteligencia han sido siempre el oscuro objeto del deseo, no ya de los partidos políticos, sino de organizaciones más estables y poderosas que se mantienen ocultas en la trastienda del poder. Todos conocemos aquellos clanes que nacieron al calor del felipismo y que desembocaron, como los ríos en el mar, en el GAL y el saqueo de los fondos reservados. Pero quizás no estemos tan avisados de otros no menos importantes. Uno de ellos fue el que encabezó el propio Cotino desde que asumió el mando policial en 1996, al que se conoció como como el “clan del Opus”, y también el “clan de Valencia”, debido a esta doble adscripción, o condición, que reunía el Director General y alguno de sus miembros, entre los que destacaría con luz propia el Comisario General de Seguridad Ciudadana, Santiago Cuadro Jaén, cargo que siguió ostentando cuando el 11-M.

Nótese que aunque incardinado en el PP, este no era un clan del partido, lo era del Opus, por esa inclinación natural de la Obra en ocupar aquellas parcelas donde reside el verdadero poder, algo elocuente tanto ayer como hoy, para lo cual basta con fijarse en el actual organigrama del Ministerio del Interior o el de Economía, sin necesidad de ir más lejos.

Este prolegómeno viene a cuento de unas declaraciones que acaba de evacuar Cotino (ver aquí) a propósito de unos supuestos pagos de 200.000 € que realizó el 11 de Marzo de 2004 en la sede del PP, que aparecen en la caja B de Luis Bárcenas. Cotino es una persona de poder, y por eso, como suelen hacer los portadores de las valiosas mercancías que se encierran en los secretos de Estado, lanzó lo que parece una clara advertencia sugiriendo que se trataba de una “venganza”. Y añadía algo que daba un inquietante contenido a su mensaje: que él había venido a Madrid a “cambiar impresiones” sobre el 11-M y que estuvo ese día en la Dirección General de Policía con el nº 3 policial, el omnipresente Gabriel Fuentes. Con esta declaración, Cotino confirmaba un famoso artículo que escribió Ernesto Ekaizer en Marzo de 2005, El hundimiento de la tesis de ETA, en el que el periodista argentino, con el engañoso señuelo de abundar en la consabida tesis de que el Gobierno del PP había mentido sobre los atentados, aprovechaba para “revelar” una noticia hasta entonces desconocida, de esas que el Poder filtra interesadamente para “marcar” y “avisar” a alguien de quien se espera un silencio sumiso.

La novedosa noticia en cuestión fue la extraña visita que había realizado Cotino a la sede central policial sobre las 12:30 del día 11, donde se entrevistó con Gabriel Fuentes, el Subdirector General de Gabinete y nº 3 del escalafón policial, y que ahora confirmaba a la defensiva el jefe del “clan” valenciano, aunque más bien se podría interpretar como una contraofensiva de Cotino que podría dar a entender que “aceptaba el reto”. Pero antes de entrar en el jugoso artículo de Ekaizer permítasenos exponer los antecedentes de la cuestión.

Gabriel Fuentes fue Comisario General de Información, el más importante cargo policial, en el final del felipismo, la época en que se destapó el GAL y en que ocurrieron episodios singulares como lo del capitán Khan y el montaje de la detención de Roldán en Bangkok, llevada a cabo por el famoso comisario de las correrías cinegéticas de Garzón y Bermejo, José Antonio González (JAG), que sería ascendido por Zapatero a la Comisaría de Policía Judicial, desde la que desplegó implacablemente la investigación contra el PP por el caso Gurtel; un mando policial de la órbita del socialismo al que Cotino, para que no pase desapercibido, nombra en las declaraciones citadas -¿otra advertencia?- nada menos que como “amigo”.

Gabriel Fuentes fue parcialmente depurado en la primera legislatura de Aznar, por indicación expresa de Alvarez Cascos, que conocía el paño mejor que el democratacristiano Mayor Oreja, pero fue rescatado y ascendido a nº 3 policial por Acebes, Astarloa y Díaz de Mera un año antes del 11-M, lo cual se alaba sólo, sin necesidad de alabarlo. Fuentes tuvo un papel en “acontecimientos” de “la investigación” del 11-M absolutamente cruciales, aunque soslayadas, lo cual relaté en varios capítulos de Las Cloacas del 11-M, especialmente en todo lo que rodea a la extraña aparición de la mochila de Vallecas y al papel “ejecutivo” que desarrolló en Ifema en la noche del 11-12, sustituyendo de facto -aunque no era su cometido ni le correspondía- en las funciones operativas al nº 2 policial, Pedro Díaz-Pintado, que se fue a su casa inexplicablemente –diríase que se quitó, o le quitaron, de en medio- a la 01:30 de la noche del 11 al 12 porque estaba cansado y destemplado…, según relató.

Pues bien, Gabriel Fuentes es quien informa y moviliza a Cuadro Jaén a  entre la 1:30 y 1:45 por la mochila de Vallecas (como declararon el Director de la Policía, Díaz de Mera, y el propio Cuadro), en tiempo real –o antes-, cuando todavía en dicha comisaría apenas salían del asombro y cumpliendo el protocolo avisaban del descubrimiento de la bomba al 091. Y le dice, además, que se vaya al Parque Azorín «donde los Tedax tienen aislada una bolsa» (vid. Cuadro Jaén, juicio oral), cuando los Tedax y Sánchez Manzano no dan esa orden hasta las 02:30: «serían las 2:30 ó 2:40… me puse en contacto con el Tedax, y le di instrucciones para que la trasladaran a un escampado» (vid. Sánchez Manzano, Comisión Investigación, sesión 3, pág. 3). Y lo que es todavía más chocante, cuando desactivan la bomba despierta a las 5:15 a Díaz-Pintado y le dice que entre los elementos del artefacto desactivado «hay una tarjeta» (vid. Díaz-Pintado, juicio oral, 11-04-07, 00:21:54), y resulta que el Tedax Pedro, que la desactivó, declaró que el teléfono se introdujo sin abrir en una bolsa, y que se llevó con el resto de componentes a Canillas, y que allí –que serían alrededor de las 6:00- «el teléfono se desmonta, se quita la tarjeta». Por tanto, no era posible conocer a existencia de esa tarjeta a las 5:15, a no ser, claro está, que se conociera…

¿Cómo pudo saber todas esas cosas Gabriel Fuentes con esa antelación, si todavía, según la versión oficial, no se sabían? ¿Las conocía, quizás, por otros conductos más “privilegiados”? Pues lo desconocemos porque no compareció ni en la Comisión de Investigación ni en el juicio oral, como relató Pujalte, que dijo que el PSOE vetó la petición de CIU para que compareciese (El Mundo, Agustín Yanel, 02-02-04). Pero nos preguntamos: ¿Y por qué no lo exigió entonces el PP? ¿Había algún pacto al respecto? Lo hubiera o no, esto nos lleva de nuevo al artículo de Ekaizer, cuya gran novedad fue la noticia de ese “encuentro en la cumbre” policial. Se da la circunstancia que Gabriel Fuentes reúne en su poliédrica biografía la de ser también miembro del Opus Dei. Esto extrañará a muchos lectores, pero “La Obra” se ha jactado a menudo de tener gente en todos lados. Recuérdese, yendo algo más lejos, que Calvo Serer fundó la Junta Democrática con Santiago Carrillo. ¿Pudo esta circunstancia coadyuvar el encuentro? ¿De qué hablaron?

Esto nos contó Ekaizer refiriéndose a la tesis de ETA: «Fuentes dijo que las piezas no encajaban. Cotino repuso que si luego se obtenían datos diferentes, se aclararían pero que todo apuntaba a ETA». Aquí lo importante es la hora en que se produce la reunión: entre las 12:00 y las 13:00. En esos momentos, el que fue brazo derecho policial de Cotino, Santiago Cuadro Jaén, informaba a Díaz-Pintado –según lo que declaró este último- que lo que había explotado en los trenes era Titadyn con cordón detonante. En Las Cloacas he demostrado que a esas horas es de lo más plausible que se tuvieran análisis certeros del explosivo. La perito Tedax nº 17632 declaró en el juicio oral que los realizó «el día 11 por la mañana». Es, por tanto, presumible que si Cotino vino a husmear por las altas esferas, con mucho más razón requiriera información a Cuadro, que le debía el cargo, por lo que es presumible que debía de saber que entre “los datos que apuntaban a ETA” estaba el explosivo utilizado habitualmente por la banda. Lo supiera o no, ¿por qué -si lo que relata Ekaizer es cierto- ese énfasis en que «luego» se pudieran obtener «datos diferentes»? ¿Es normal esa previsión de que “más tarde” de puedan obtener “datos distintos” que, presumiblemente, den un vuelco a la investigación? ¿Pudo tener alguna relación su reunión con Fuentes con el hecho de que Cuadro Jaén se encaminase muy poco después a la sede de los Tedax y declarara que los análisis habían salido a las 14:30, la versión oficial, cuando sabemos por la perito que eso no es cierto, que fue «por la mañana»? ¿Y que saliera un «dato diferente», convirtiéndose el Titadyn en una etérea dinamita que terminaría tomando la forma de la Goma2Eco? ¿O que ya no se analizase nunca más el arma del crimen y se nos hurtara a los españoles conocer qué explotó en los trenes? ¡Ya es casualidad, también, que «luego», por la noche, apareciera otro «dato diferente», la sospechosa mochila de Vallecas, y que intervinieran en el caso, como hemos relatado más arriba, los mismos protagonistas: Cuadro Jaén y Gabriel Fuentes!

No podemos responder a estas preguntas, por desconocimiento. Pero nuestras sospechas de que en el post 11-M hubo muchas cosas muy poco claras que necesitan bastante más que una explicación son cada vez más fuertes. No deja de ser elocuente que Gabriel Fuentes fuera de nuevo rescatado por el PP de Rajoy como asesor del Secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Ulloa, también miembro del Opus Dei (El Mundo, Eduardo Inda, 10-08-12), al igual que el ministro Fernández Díaz. Lo cual no le impidió, presuntamente, espiar la sede del PP, en el famoso caso Interligare, que está aparcado durmiendo el sueño de los justos en los juzgados, como suele ocurrir en los casos que afectan a personas habituadas a manejar información “delicada”.

Es en este contexto en el que hay que encuadrar las recientes declaraciones de Juan Cotino. ¿Nos encontramos, quizás, con otra variante del famoso dilema del prisionero, en el que las advertencias y avisos para navegantes se muestran como el método más infalible para convencer a las diferentes partes en conflicto de hay que hacer todo lo posible, y sobre todo lo imposible, para evitar que los secretos de Estado salgan por algún “descuido” de las sentinas en que permanecen ocultas y a buen recaudo?

Es muy probable. En cualquier caso, el artículo de Ekaizer no es sólo elocuente. Es además de lo más descriptivo. Basta con fijarse en el propio título: “El hundimiento de la tesis de ETA”. Porque se trataba precisamente de eso: de cómo se “hundió” la tesis con cuyos condimentos, en mi opinión, se realizaron los atentados del 11-M, unos atentados que fueran quienes fuesen los autores, lo hicieron con las señas de identidad de ETA, lo que quizás sugirió Don Jorge Dezcallar en la Comisión de Investigación cuando sin que nadie le preguntase esbozó un silogismo  irrebatible  (CI, pág. 43)  :

  • La gente dice: si es Titadyne es ETA.
  • Si es Titadyne no es ETA.
  • Si es Titadyne lleva la firma de ETA

Pues eso, Ekaizer nos reveló, presuntamente con segundas intenciones, cómo y cuándo se hundió la tesis, y, sobre todo, quién estaba allí, y no sólo para hundir el pecio, sino muy probablemente, y en compensación, para hacer la botadura de un bajel berberisco, uno que fue poco a poco “apareciendo” porque las cosas, a poco que les busquemos “datos diferentes”, son muy susceptibles de mutar…