Fonoteca

Audios y grabaciones.

4.- LA FONOTECA DE LA COPE (I) – La mochila de Vallecas

El 11-M, y sobre todo el post 11-M, no se pueden entender sin analizar el papel que tuvieron los medios de comunicación en el desarrollo de los acontecimientos de los que, en muy buena parte, los propios medios fueron vehículos, si no sujetos agentes. Para entender esto no hace falta insistir en algo que ya se ha glosado y analizado hasta la saciedad: el papel que tuvo la SER en el putsh que desalojó al PP del poder. Sin embargo, lo que resulta mucho más difícil de percibir es el sinuoso papel que juegan los medios cuando el fuego con el que disparan es el fuego amigo.

El gran secreto de cómo la clase política se ha podido inmunizar para impedir que se pudiera llegar a conocer la Verdad del 11-M radica en el envilecimiento al que sometieron al pueblo español con la politización de los atentados, especialmente por parte de la izquierda. La ecuación perversa de que si ha sido ETA la culpa es del PSOE, y si han sido islamistas del PP, por la guerra de Irak (falso dilema que ya a primeras horas plantearon Zapatero y Rubalcaba), provocó tal fractura en la sociedad, de índole guerra-civilista, que como todos los conflictos bélicos acabó en la polarización de los bandos, en la arrogancia de los vencedores y en la vergüenza de los que perdieron, desenlace, en este caso, que ocurrió al poco tiempo con las elecciones generales, sin que el vapuleado pueblo español llegara a darse cuenta de la verdadera naturaleza de los atentados, un auténtico Golpe de Estado.

El 11-M fue, en efecto, un Golpe de Estado, sinuoso, complicado y muy difícil de percibir, porque no se trataba del clásico Golpe militar con tanques en la calle y proclamas revolucionarias o facciosas, sino que se valió de ese mundo desconocido que es el terrorismo, en el que se dan cita los terroristas y quienes les controlan, un mundo subterráneo de ida y vuelta donde transitan las cloacas de los Estados.

Por eso, la sociedad española no pudo entender, ni siquiera asomarse a una realidad esquiva: que la Versión Oficial de los hechos, la gran farsa que nos han contado sobre los atentados, fue el resultado de las negociaciones sotto voce que debieron de llevar a cabo los máximos contendientes: los partidos políticos que se jugaban el poder, las cloacas de distinto signo –muchas veces de varios, como Janos multifrontes- y, muy probablemente, organizaciones que nunca dan la cara pero que son la última referencia de todo lo que se mueve.

Esto cobra pleno sentido cuando analizamos el papel que tuvo la COPE desde el mismo día 11 en el devenir de los acontecimientos. Reconozco que ese papel ha sido muy difícil de vislumbrar, entre otras cosas porque, no sé desde cuándo –pero me imagino que muy pronto-, la fonoteca de esos días de Marzo no ha estado accesible como es norma y costumbre en los medios audiovisuales. De hecho, los que se llevaron la fama de la ocultación, la SER, ante las protestas de los oyentes publicaron su fonoteca, que es hoy plenamente accesible en internet.

Mucho se puede decir de lo que se vertió ese día por las ondas de la Cadena COPE. Pero creo que no puedo añadir mucho a lo que ya dije en “Las Cloacas del 11-M” y que reproduzco a continuación:

«… después de haber realizado la audición completa de las dos cadenas rivales, creo que se podría hacer la siguiente valoración: si el papel de la SER en el 11-M fue el de movilizar a todos los votantes del PSOE y a los tibios abstencionistas que cayeron en la red de sus ondas, la función de la COPE no pudo ser más coadyuvante, porque su papel consistió en sembrar la duda, en desalentar, desmoralizar y en disuadir a muchísimos indecisos e, incluso, a votantes del PP.

       Por supuesto, no estamos hablando de Federico Jiménez Losantos y de sus contertulios: Cayetano González, Consuelo Sánchez Vicente, Jesús Cacho y los demás. Ellos fueron los únicos que se enfrentaron a la ignominia reinante en esos luctuosos días. Claro que, por esa misma razón, hoy no están en la COPE. No. Nos estamos refiriendo a la masa gris de la cadena que, desde la misma tarde-noche del día 11, con las excepciones referidas y la de Cristina López Schlichting, se convirtieron en un auténtico aluvión de militantes de la sospecha, en portavoces encubiertos de la buena nueva del atentado islamista».

Ahora me quiero fijar en lo que me parece la mayor novedad y la aportación más importante a la investigación que realicé en mi libro. Me refiero al capítulo 21.7. La mochila de la COPE.

En el anterior artículo de este blog sobre “La mochila nº 13” pudimos comprobar cómo la mochila que después aparecería en Vallecas -aunque no tenemos ninguna certeza que “realmente” hubiera en ese momento “allí” una mochila, y mucho menos una bolsa- se estuvo buscando por el IFEMA desde la media tarde del día 11 sin que hubiera ninguna razón para ello porque, como nos contaron en la Versión Oficial, esta mochila, luego bolsa, apareció “por sorpresa” en la comisaría de Vallecas entre la 1:30 y las 2:00 de la madrugada del día 12. ¿Cómo, si nadie tenía noticia de ella, se pasaron media tarde buscándola y se quedó después la cúpula policial “muy tranquilita” porque ¡por fin! había aparecido? No lo sabemos, pero una noticia que dio la COPE nos revela que la famosa mochila existía, y que se estaba buscando el momento oportuno para que hiciera su aparición estelar y poder inaugurar, así, la Versión Oficial islamista del 11-M. La dio el especialista en la lucha antiterrorista de la COPE, Juan Baño) a las 21:10, en el noticiario del programa de la tarde de José Apezarena, miembro del Opus Dei (puedes oírlo aquí):

«Yo quería también comentar algo. Primero quería darle un dato aquí a la mesa que estáis en el debate, que tiene su relevancia, y es que, según hemos podido saber, una de las mochilas, precisamente una que no explosionó, portaba en su interior un teléfono móvil, que ha servido, al parecer, de detonador, un teléfono móvil que habría activado, a través de sistemas de teléfono móvil colocados en cada uno de los artefactos explosivos, las distintas bombas. Es decir, en la mochila no explosionada se ha encontrado ese teléfono móvil. Por lo tanto un método de actuación que habría que analizar y que sometería a vuestros comentarios. ¿Cómo veis ese dato?».

Pues la verdad, ese “dato” lo vemos “atónitos”. Hay quien se ha preguntado que, a lo mejor, se estaba refiriendo a la mochila que explosionaron los Tedax en El Pozo, pero como ya demostré esta interpretación es insostenible porque Baño habla de “ese” teléfono móvil, que existe, que no ha sido destruido y que, por si existiera alguna duda, en el mismo noticiario del día siguiente, cuando la COPE refleja las palabras de la rueda de prensa del ministro de las 18:00 hrs. en que da noticia de la bolsa de Vallecas, Juan Baño, a las 21:40, en confesión de parte, reconoció que ellos ya informaron de ella el día anterior en el mismo noticiario: verde y con asas: «Teléfono del que hablábamos también ayer, en este mismo informativo».

Esta misma información, con los mismos ingredientes, es la que se filtraría más tarde a la Cadena SER, a la 1:09 de la madrugada, 30-45 minutos antes de que los policías de Vallecas “descubrieran” la mochila (vid. cap. 21.6. La mochila de la SER; la divulgó Ana Terradillos («… Además, en una de las mochilas que no ha explotado ha aparecido un teléfono móvil»), que fue, a su vez, quien anunció a las 10 de la noche lo del terrorista suicida perfectamente rasurado envuelto en tres capas de calzoncillos…

¿Qué consecuencia podemos extraer de todo esto? Pues, para empezar, una muy clara: que estas dos noticias radiofónicas, especialmente la de Juan Baño que se dio con cinco horas de antelación, es la demostración más plausible de que la bolsa o mochila de Vallecas es una prueba pre-constituida, falsa, que debería anular, ella sola, todo el juicio del 11-M.

Hay que tener en cuenta, como reflejé en el cap. 21.7.2., que la COPE dio dos horas más tarde, a las 23:03, por medio de José Apezarena, otra noticia relacionada –sin duda filtrada por sus “fuentes” de la lucha antiterrorista- que nos demuestra que se estaban lanzando “globos sonda” para ver cómo se colocaba lo más importante de la información, el teléfono móvil –que es el sirvió para detener a Jamal Zougham y montar toda la farsa pseudoislamista-, y en esta ocasión se inventó que se había encontrado uno en la Renault Kangoo (puedes oírlo aquí):

«También hay que decir como dato que aportaba Juan Baño que en una de las mochilas que no ha estallado había un teléfono móvil, y que todo indica que el mecanismo para hacer estallar esas mochilas ha sido, precisamente, la llamada telefónica, por teléfono móvil, y que en la furgoneta en la que han encontrado esta cinta con cánticos del Corán aparecía también un teléfono móvil que parece ser que es el que ha hecho, el que se ha utilizado para accionar los explosivos. Por tanto, hay pistas desde el punto de vista de la investigación que van en una dirección bastante clara, hoy por hoy, en este momento, a estas horas, pero habrá que esperar».

Como sugerí, esta nueva versión se debió de lanzar porque la primera resultaba bastante descabellada y difícil de creer: ¡¡¡Cómo iba a haber un terrorista tan insensato como para hacer 12 llamadas de teléfono desde un móvil conectado a 10 kgs. de explosivo para detonar otras doce bombas…!!! Por tanto, se buscó un teléfono móvil adicional –que haría el número 14-, esta vez suelto, que se depositó en la Renault Kangoo, desde el que se harían las llamadas…

Pero los que estaban entre bastidores lanzando estos “globos sondas” debieron de caer en la cuenta de que si se contaba que el sistema utilizado de detonación de las bombas era el de temporizador por llamada desde un móvil, como estaban contemplando en esos momentos, entonces tendrían que aparecer en los listados de llamadas de la operadora del móvil detonante las doce llamadas “salientes” a los otros doce móviles, y no sólo eso, sino que en los listados de llamadas de las operadoras de cada uno de esos móviles debería aparecer como llamada “entrante” la llamada letal del móvil que los activó. Casi nada.

Es por eso, deducía, que se abandonó en días sucesivos lo del teléfono de la Kangoo, así como la versión de que el sistema utilizado para detonar las bombas había sido el de llamada, adoptándose definitivamente el de la detonación por activación de la “alarma”, que solventaba esos problemas insalvables con los que habían irrumpido los globos sonda iniciales de la mochila de Vallecas.

Por supuesto, como el lector ya se puede imaginar, las bombas de los trenes no fueron activadas por medio de teléfonos móviles, sino por unos temporizadores cuyos restos, al igual que pasara con los restos de los explosivos, fueron convenientemente hurtados a la investigación (vid. cap. 8.4.).

No quiero dejar pasar un detalle que me parece sintomático. A muchas personas bienpensadas les ha sorprendido cómo el PP de Rajoy, una vez llegado al poder, haya llevado su seguimiento de la política de entreguista –o mejor de alianza estratégica- de Zapatero y Rubalcaba con la ETA, hasta el extremo de soltar a personajes deleznables como Bolinaga, máxime después de la manifestación que le montó al PSOE en Marzo de 2007 por la excarcelación de De Juana Chaos. Y la verdad es que no tiene nada de anormal. Cuando una persona se ha rendido, se ha entregado, ha traicionado a sus principios, o, mejor -ya que carecía de éstos-, cuando ha traicionado a quien ha depositado en él su confianza, tiene que dar señales inequívocas de que es una persona de fiar para los que le han abducido, para lo cual se le pone a prueba pidiéndole las mayorías fechorías que demuestren su firmeza inquebrantable de llegar hasta el final en los designios de la nueva hermandad a la que se ha juramentado. Es lo mismo que se hace –salvando muy poco las distancias- con un nuevo miembro de una banda criminal, cuando se le da una pistola y se le ordena que ejecute a alguien a sangre fría, para comprobar su temple y su compromiso. Por eso, al PP se le ha reservado llevar a sus últimas consecuencias la negociación política pactada con ETA y, sobre todo, enterrar lapidariamente lo que le sacó del poder y cambió la Historia de España: el 11-M. Algo que está cumpliendo con una fidelidad y firmeza directamente proporcional a la traición a su electorado.

Igualmente, podríamos pensar que el hecho de que el vehículo elegido para anunciar la mochila de Vallecas sea la COPE podría interpretarse como una señal, un guiño o un incluso un aviso –como en alguno de sus comentarios sugiere el contertulio Ralf-, de que los que tenían que perder aceptaban las condiciones que se les hubiere impuesto, y que ya se podía seguir adelante sin temor a una marcha atrás. Guiño que ocurriría a las 21:10, media hora después de que Acebes, con otra señal inequívoca algo similar, anunciara que abría una 2ª vía de investigación, la islamista, lo que, por cierto, era absolutamente innecesario porque todas las vías tenían que estar abiertas por fuerza.

Pero estábamos con las consecuencias de la sensacional noticia de Juan Baño. La segunda que podríamos extraer de este episodio nos remite, más bien, al ámbito de lo penal. Con mucha razón, Federico Jiménez Losantos, cada vez que tiene ocasión, le recuerda a Iñaki Gabilondo –con la sorna que merece el caso- lo de los terroristas suicidas preguntándole “quién” le suministro esa información. Pero la exclusiva que lanzó Juan Baño no tiene parangón con la del locutor de Prisa. Lo del terrorista suicida fue una gran mentira que sirvió, junto a otras mentiras y campañas de agit-prop para que el PP perdiera las elecciones. Pero la mochila de Vallecas –con su providencial teléfono móvil- sirvió para instruir toda la causa del 11-M, como prueba fundamental del caso de la que derivaría toda la Versión Oficial de los hechos, y por la cual 7 personas –con gran probabilidad ya cadáveres- volaron más tarde en un piso de Leganés; un policía nacional del cuerpo de los GEOS murió dramáticamente sin haber tenido por qué; y otras tantas fueron condenadas a las más diversas penas, en un proceso judicial que a ningún país decente le gustaría que constase en sus anales.

Si la mochila de Vallecas es una prueba falsa, como creo que han demostrado tantos investigadores, y a lo que dediqué, sin que se me haya rebatido, más de 80 páginas de mi libro; si es una prueba falsa, decía -y el episodio que acabo de relatar sería la demostración más palmaria de ello- entonces lo que debería hacer la Fiscalía General del Estado es tomar cartas en el asunto y el Tribunal que sentenció debería reabrir el caso para esclarecer estos episodios y poder llegar a la verdad que se nos ha hurtado desde hace 11 años.

Ya sé que al lector se le habrá esbozado una sonrisa compasiva, por la ingenuidad que revela este desiderátum. Pero no me llamo a ningún engaño. No albergo ninguna esperanza de que un Régimen capaz de ocultar un crimen de lesa majestad, y de inventarse otro, se vaya a convertir de la noche a la mañana en un Estado decente y ejemplar. Ni siquiera espero que salga algún valiente, al que se le removiere la conciencia, y nos cuente lo que sabe.

Lo cual no obsta para que igual que hacía Federico Jiménez Losantos con Iñaki Gabilondo, que nos preguntemos, o mejor, que le preguntemos a Juan Baño o Ana Terradillos: ¿Quién os dijo que en una de las mochilas que no había explotado había aparecido un teléfono móvil? ¿Quién os lo dijo?

En este blog tienen abiertas las puertas, por si quieren sacarnos de dudas.