31.- ¿QUIÉN COLOCÓ LA MOCHILA DE VALLECAS?

En vísperas del 13 Aniversario del 11-M diversas noticias han invadido los medios de comunicación. Algunas pueden tener un efecto positivo, aunque con casi plena seguridad no vaya más allá de espolear la conciencia de una sociedad anestesiada y confundida, como es el video ampliamente publicitado de Cyrille Martin (ver aquí).  La que me trae a escribir estas líneas es lo que se ha filtrado por el periodista Fernando Lázaro del diario El Mundo (la puedes leer aquí) sobre el indigesto informe de esa especie Brigada de Asuntos Internos creada por el Director Adjunto Operativo (DAO) de la policía, Eugenio Pino, el nº 2 de ministro del Opus Dei Fernández Díaz.

En el informe se aparenta criticar la actuación policial en todo lo relacionado con la mochila de Vallecas, “admitiendo fallos en la cadena de custodia”, pero lo que hace, en realidad, es reproducir punto por punto toda la farsa de lo que el juez Bermúdez denominó “extravagante periplo” de los efectos de las víctimas de El Pozo. Ese extravagante periplo, como demostré en mi libro, y más claramente en este blog, fue toda una operación de ingeniería mediático-policial-judicial que se llevó a cabo del 6 al 15 de Marzo de 2006, para suplantar los auténticos testimonios que se produjeron en el inicio de la Instrucción, y que claramente manifiestan -estos últimos-que la mochila que llegó a la comisaría de Vallecas no venía disimulada e inadvertida en un enorme bolsón que contenía diversos efectos (como pretende la Versión Oficial), sino que fue llevada directamente a la Comisaría suelta en un vehículo policial, de manera independiente, por policías muy determinados, pero desconocidos, porque no se ha querido investigar.

Eran varios los testimonios de peso, todos ellos en los primeros días posteriores al atentado, que avalaban estos hechos, que nunca adquirieron el rango de Versión Oficial porque, evidentemente, era una bomba de relojería que no solo hubiera anulado la prueba, sino que habría tenido como consecuencia que judicialmente se abriera una pieza separada para averiguar de donde venía esa mochila y quién la habría mandado colocar.

Lo he contado todo esto en la entrada segunda de este blog (ver aquí), y lo reproduzco al final de este artículo, porque creo que es una de las aportaciones fundamentales que hice en el análisis de la falsa mochila en mi libro, aportación tan importante -e ignorada- como esa otra que hice sobre el anuncio de la existencia de la mochila en el programa de la COPE de José Apazarena ¡¡¡cinco horas antes de que la descubrieran los policías de Vallecas!!! (ver aquí)

Lo que me me resulta inconcebible –o quizás no tanto- es que a estas alturas la policía nos quiera tomar el pelo con estos jueguecitos de asuntos internos, cuando tienen en mi libro, y en todo lo que se ha escrito por los grandes investigadores del 11-M, una auténtica AUDITORÍA externa que pone en solfa, no “tres momentos”, como destacan en el Informe de la BARC, sino todos los momentos de una Instrucción y una Investigación intoxicadora y falsa, que no otra cosa es la Versión Oficial.

Pero está claro que el informe de la BARC no buscaba la verdad, sino otra cosa muy diferente. La clave está en este mensaje, aviso para navegantes:

El informe concluye que se ha documentado la actuación de más de 70 miembros del Cuerpo Nacional de Policía en los diversos escenarios en los que estuvo la bolsa del artefacto. Pero que «únicamente ha quedado registrada la entrega voluntaria de ADN para cotejo por parte de cinco de ellos. Sigue anónimo el perfil genético encontrado en el asa de la bolsa que contenía el artefacto», advierten los especialistas policiales.

No me cabe duda que ahí se encuentra una amenaza muy velada (“vamos a no hacernos daño…”), porque es más que probable que en uno de esos “70 miembros” se encontrara el perfil genético de quien colocó la mochila en la comisaría de Vallecas. Así se las gastan nuestras Fuerzas de Seguridad. Sencillamente indecente…

Tampoco es concebible –o quizás, también, no tanto- que el diario El Mundo sirva de nuevo de vehículo y señuelo para colarnos los indigestos engrudos de una ingeniería emanada de las Cloacas para tapar la Verdad de lo que ocurrió en el 11-M. En el artículo que reproduzco a continuación fui algo benévolo con la actuación de El Mundo. Hoy, no tengo más remedio que decir, a la vista de lo que ocurrió en Marzo de 2006, que, o se la colaron a El Mundo, o El Mundo nos la coló a todos sus seguidores. Pero fuera una u otra cosa, la Versión Oficial de los Hechos no habría prosperado en toda su extensión sin los oficios de lo que antaño se dio a conocer como “nuestro periódico”, con las excepciones que todos conocemos, especialmente la de Fernando Múgica (q.e.p.d.).

La sombra de las Cloacas es alargada…

2.- “EL MUNDO” Y EL 11-M (I) – Los periplos extravagantes y bastardos

Varios amigos en Facebook y en Twitter me han preguntado sobre si hubo boicot a “Las Cloacas del 11-M”, y el por qué del estruendoso silencio de El Mundo, que no le dio ninguna cobertura mediática, hermanándose en esto con El País.

Sobre la primera pregunta la respuesta es clara. Lo hubo. Pero para ese expediente no hacían falta admoniciones ni consignas. El instinto de conservación prevalente en el gremio editorial, de distribución y de la mayoría de los medios de comunicación ha agudizado de tal manera esa disposición ancilar de agradar los oídos de los que depende la propia supervivencia -por vía de la subvención-, que hace innecesaria cualquier medida disuasoria.

En cuanto a El Mundo, su hermetismo tiene más difícil explicación. En primer lugar, porque en mi libro el periódico –el que era “nuestro” periódico- tiene un papel estelar y se le rinde, sin escatimar elogios, el tributo que se le debe por su papel primordial en la búsqueda de la Verdad del 11-M. Sin embargo, el elogio no estuvo reñido con la discrepancia, cuando esta se imponía para que la verdad prevaleciera. Dos fueron, principalmente, los frentes en los que mostré mi divergencia con los planteamientos de El Mundo: en un asunto de la mochila de Vallecas y en la tan traída Teoría de la Colaboración ETA-Islam. Vayamos con el primero.

Son muchas las aportaciones fundamentales del periódico en la demostración de la falsedad de la mochila de Vallecas. Sin embargo, una de ellas, precisamente la más sonada, sirvió para todo lo contrario, para apuntalar la falsa Versión Oficial (V.O.). Nos referimos a la famosa exclusiva que sacó Casimiro García-Abadillo el 6 de Marzo de 2006, en la que daba entrada al singular inspector de Policía al cargo de los efectos de las víctimas en la estación de El Pozo, Miguel Ángel Álvarez Álvarez, en la que con gran altisonancia declaraba que “no descartaba” que se hubiera dado un “cambiazo” a la mochila de Vallecas (“Las Cloacas del 11-M”, cap. XVVII). Igualmente, en la crónica se presentaba como víctima de una cúpula policial politizada y sectaria que atribuía sus denuncias a un “ánimo de venganza al no haber conseguido su propósito de lograr una cruz pensionada”.

Todos estos elementos le convertían en un adalid de la “conspiranoia”, lo cual tenía la ventaja de que cualquier posterior declaración del inspector podría encontrar en el público más crítico con la V.O. una receptividad que podría anular las señales de alarma para distinguir a los gatos de las eventuales liebres que les quisieren vender. Y es eso, exactamente, lo que ocurrió en los días posteriores a la sensacional noticia: que se coló uno de los engrudos más indigestos con los que construyó el malsano edificio de la V.O. El principal ingrediente del engrudo fue la deposición del inspector ante el juez Del Olmo, que lo llamó tres días después, el 9 de Marzo de 2006, en la que –podría decirse- debió de salir de un trastorno amnésico transitorio y recuperó de una manera inaudita la memoria; un caso muy generalizado en el 11-M, en el que las segundas o terceras declaraciones de muchos testigos, uno, dos o tres años después, completaban, si no rectificaban las anteriores, todas ellas apuntalando y rellenando las fallas del tambaleante edificio de la V.O.

En el caso que nos ocupa, Álvarez añadió un detalle que había omitido en su declaración anterior de Octubre de 2004, cuando estaba muy cercano a los hechos. En esta ocasión dijo que reconoció haber visto en la estación de El Pozo la “bolsa de deportes” que las cadenas de televisión habían mostrado a los pocos días de los atentados, porque el trabajador del Selur que estaba introduciendo las pertenencias de las víctimas en bolsones, “al intentar introducir la bolsa de deportes, al observar el peso excesivo de la misma decidió introducirla en un bolsón de basura vació para no desgarrar o desprenderlo”.  

Ya hemos demostrado ampliamente la inverosimilitud de esta declaración, y la imposibilidad de que a los Tedax se les hubiera colado una bolsa que pesaba 11 kg, habiendo tenido, además, que desactivar una mochila-trampa en la misma estación, como manifestó El inspector Cáceres Vadillo. Pero en el 11-M colaba todo lo tenía que colar, y esto no fue la excepción, sino uno de los más destacados ejemplos.

Aquí, de lo que se trataba, era de rellenar las lagunas que presentaba la investigación, y una de las principales era que nadie había visto la mochila en los trenes ni en la estación. La declaración tardía de Alvarez sirvió para añadir un nuevo eslabón: el haberla detectado en la estación de El Pozo. En los trenes habría que esperar un poco más, en concreto a Octubre del año siguiente, 2007, y en este caso contaríamos con un único testigo, un testigo excepcional, si no mayestático, nada menos que el juez Gómez-Bermúdez, que en la Sentencia de la Audiencia Nacional –y en esto secundado por sus dos acólitos- declaró urbi et orbi –aunque ni en el juicio ni en los casi 100.000 folios del sumario conste ningún otro testimonio que lo avale- que la mochila/bolsa de Vallecas se encontraba en el “piso inferior del vagón segundo” del tren de El Pozo, asunto que ya comenté en tono jocoso en el cap. 18.1. El mejor testigo el juez.

Pero estábamos con Álvarez. Para embrollar y despistar más al personal, ocurrió después el famoso escándalo de que no reconocía la bolsa que le enseñaron, que resultó ser una copia y que Sánchez Manzano tenía la original. Todo un “trapo” al que embistió Abadillo (EL Mundo, 05-05-2006) arguyendo que la prueba quedaba “invalidada” por ese motivo, cuando, la reconociera o no, no tenía ninguna validez por el mero de hecho de no haber abierto en El Pozo la bolsa y ver cuál era su contenido.

Toda esta complicada escenificación no impidió lo fundamental: que tanto Del Olmo como el Tribunal la dieran por válida, como así ocurrió. Aunque el inspector no fue llamado a declarar en el juicio oral (quizás alguien que conocía el género influyera en los abogados de las acusaciones particulares para que no le llamaran a testificar y embrollara más el patio…), este inconveniente no presentó mayores problemas, porque el testigo de la Versión 2.0. fue recogido por los dos policías que encontraron la mochila –o bolsa- en su comisaría, la de Vallecas. Ya he relatado en el cap. XIX las inverosímiles coincidencias de estas declaraciones con las de su jefe el inspector Álvarez, y el cúmulo de contradicciones de estos testimonios que podrían elevar la cotización de la V.O. a la categoría del bono-basura. Y cómo los jueces de la Audiencia dieron a la Versión 2.0. de Álvarez plena carta de naturaleza, añadiendo incluso algunos ingredientes de su cosecha para apuntarla (cap. 19.2.).

Pero el testimonio tardío de Álvarez no sólo sirvió para situar la mochila en El Pozo. También fue el pistoletazo de salida para la construcción ex novo de la Versión Oficial en todo lo que atañe al transporte de los efectos de las víctimas entre los que, supuestamente, se encontraba la mochila/bolsa. El inspector declaró, en primer lugar, que “que todo lo recogido en la Estación se introdujo en dos furgonetas que saldrían de la estación sobre las 15:30”, y que estas furgonetas fueron mandadas al IFEMA, donde las descargaron durante cuatro horas antes de recalar finalmente en la Comisaría de Vallecas, manifestaciones inciertas, como se verá. En segundo lugar, que ninguno de los bolsones había sido “manipulado” ni presentaban la menor “anomalía”, con lo que validaba la custodia de los efectos que tres días antes había puesto en solfa.

Una vez planteada la cuestión, ya sólo faltaba el barullo, la avalancha de testimonios que lo ratificara. Es lo que ocurrió seis días después, el 15 de Marzo, con las declaraciones de la mayoría –no todos, sino los más escogidos- de funcionarios policiales que intervinieron en lo que el juez Bermúdez denominó el “extravagante periplo” –probablemente para sugerir, con su natural desparpajo y endiosamiento, que aunque “tragara” a él no se la daban con queso (cap. XV).

Todo lo que ocurrió en esos días de Marzo, que podríamos denominar como “ingeniería procesal”, tenía no sólo un objetivo “constructivo”. La nueva edificación pretendía también, o quizás principalmente, ocultar los elementos ya existentes en el Sumario que apuntaban en un sentido contrario a lo que se estaba deponiendo. En concreto, no se llamó a declarar –ni se les citó a juicio como testigos- a los dos funcionarios que ya el 1 de Julio de 2004 manifestaron haber hecho más viajes a EL Pozo que los que contó dos años después el inspector, y que, además, en los segundos viajes –sobre las 17:30- llevaron efectos de las víctimas directamente desde El Pozo a la comisaría de Vallecas sin pasar por el IFEMA. Estos testimonios, los primeros, fueron coincidentes con otros tres: el de la SER, el del jefe Superior de Policía de Madrid, Fernández Rancaño, y el del Tedax Pedro, que fue el que llegó a las 2:00 a la estación de El Pozo a desactivar la mochila. Todos ellos relataron que la mochila fue directamente, -suelta, no dentro de ningún bolsón- de El Pozo a la comisaría, perfectamente identificada. Así lo contó Pedro: «Por lo que los compañeros de comisaría me manifestaron, me dijeron taxativamente que venía de El Pozo… y me hicieron esa afirmación “pues la hemos metido de cualquier manera en el maletero” pensando que era un bolso convencional pero en realidad era la bomba, y me dijeron que venía de la estación de El Pozo».

Estos viajes, los auténticos, de la mochila, es lo que denominé en el, para mí fundamental, cap. XVI como “periplos bastardos”, por haber sido excluidos e ignorados, como los hijos naturales de la realeza.

Pero siguiendo con el Tedax Pedro, nos estamos refiriendo al testigo de “referencia” más importante de todos. La Ley Procesal, en su art. 710, es clara en lo que atañe a estos testigos: “Los testigos expresarán la razón de su dicho y, si fueren de referencia, precisarán el origen de la noticia, designando con su nombre y apellido, o con las señas con que fuere conocida, a la persona que se la hubiere comunicado”.

¿Por qué el juez de Instrucción y el Tribunal, como lo exigía la ley, no llamaron al Tedax Pedro –y a Fernández Rancaño- para saber qué funcionarios de la comisaría de Vallecas fueron los que dijeron eso? ¿Cómo se les pudo escapar a los abogados de las defensas –estos, según se cuenta, escogidos por el CNI- y de las acusaciones lo que podría haber demostrado el verdadero origen de la mochila? ¿Se montó todo el guirigay de Marzo de 2006, excluyendo del juicio todos estos testimonios contradictorios de los “periplos bastardos”,  para evitar lo que hubiera supuesto la eliminación de la mochila de Vallecas como prueba de cargo, o quizás algo aun más peligroso para la V.O.?

Fuera lo que fuese, lo que no cabe duda es que la gran primicia de Casimiro García Abadillo, al que creo ajeno a esos tejemanejes, fue el primer peldaño para desactivar esa bomba de relojería. Aún recuerdo una ocasión, en mi época de Peón Negro, a finales de Diciembre no sé si de 2010, en que fui invitado entre el público a una sesión sobre el 11-M en Veo7. Participaban, con Carlos Cuesta, Antonio Iglesias, Fernando Múgica, Casimiro García-Abadillo y Pedro J. Ramírez. Antes de comenzar, en el camerino, tuve la ocasión de conocer y parlamentar con Casimiro y Pedro J. En un momento les dije a los dos que les habían metido un gol con lo de M. A. Álvarez. Recuerdo que Pedro J, más alto y corpulento de lo que imaginaba, acentuado por un elegante sobretodo de los de Sherlock Holmes, mirando para abajo enfocó fijamente su mirada en mí, y acto seguido, girando su cuello la depositó con la misma intensidad en Casimiro que, con algunos balbuceos, me dijo que cómo podía decir eso, que el inspector era una bellísima persona, que había sufrido mucho con todo lo que pasó…

Yo no lo dudo, pero estoy convencido que el gol se lo metieron por toda la escuadra. Ha pasado mucho desde entonces, pero los medios de comunicación con posibilidades de investigar este asunto, aún podrían remover esas aguas tan procelosas como movedizas. No creo, desgraciadamente, que El Mundo, después de la expulsión de Pedro J. –sin duda, entre otras cosas, por su impermeabilidad absoluta a la falsedad, y, en especial, a la del 11-M- y el mea culpa ya como director de García-Abadillo, al que sólo faltó un auto da fe para renegar de su anterior condición de “conspiranico”, no creo, decía, que El Mundo esté para más aventuras en la búsqueda de la verdad, que, ahora, con Gómez-Bermúdez et alia, deben de ver de cristal paladino.

Pero quizás El Español, el que sin duda será en el futuro “nuestro periódico” –por si acaso yo ya soy un pequeño inversor en el proyecto-, podrá tomar ese testigo. De lo que no me cabe duda es que continuará con ese espíritu, condensado en «aquellas notables palabras» que el historiador José Coroleu recordó de D. Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán en su Historia de Guatemala o Recordación Florida: «Perdone el amor propio, que es Dios primero; y como quiera que no corté la pluma para escribir novelas, sino historia adornada de verdades, no puedo por respetos humanos dejar de decir lo que se salta a los ojos como proposición irrefragable» (José Coroleu, “América. Historia de su Colonización, Dominación e Independencia”, Montaner y Simón, Editores, Barcelona, 1.894, pág. 7).

Qué maravilla sería que El Español rescatara a otro gran español, con el que comenzamos a vislumbrar esperanzados la salida del túnel del 11-M, a Fernando Múgica.

Anuncios

254 comments

  1. Pero la noticia más importante sobre estas elecciones catalanas y sus consecuencias se ha producido hoy mismo, en el Vaticano, como siempre.

    “El Papa critica ante la curia “las intrigas de pequeños grupos” y a los “traidores”

    https://elpais.com/internacional/2017/12/21/actualidad/1513853538_555719.html

    Hablando, por fin, tan claro y evangélicamente, aludiendo al Judas del Evangelio, parece obligado que tendrá que tomar medidas serias. ¿Quién es ese “pequeño grupo” de intrigante? Dice el Papa en el mismo discurso que hay que “retomar el justo camino” ¿A qué injusto “camino” se refiere? ¿Al del Opus? Que ahora el propio Opus por boca y conspiración de su obispo Jaume Pujol ha dejado claro que el suyo es “el camino de la afirmación nacional”.

    A ver si acaba de una vez con el pequeño pero poderoso, hasta ahora, grupo de descarados judas. ¿El fin del Opus? Sería el fin de la tiranía opusino catalana que los españoles padecemos desde hace décadas. Quedaría la jesueta.

  2. VILLANCICO PROCAZ SATÍRICO-FESTIVO 2017

    Feliz Navidad y próspero año nuevo a cuantos se congregan por aquí.

  3. El Palmari rimador
    destas torpes decimillas
    hoy toca las campanillas
    y predica paz y amor.
    Nace vuestro Salvador
    y el sufridor mundo espera
    que traiga paz verdadera,
    naciendo en los corazones
    de los hombres y naciones
    con alegría sincera.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s